Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
En este verano de 2026, con las miradas del planeta entero fijas en nuestra tierra, hemos sido testigos de cómo una frase aparentemente sencilla se convertido en un elemento clavede la conciencia popular mexicana: «¿Y si sí?».
Hoy, con el boom de la Selección Nacional en el Mundial de Futbol, el «¿Y si sí?» rápidamente mutó hasta convertirse en un fenómeno social pues dejó de ser un lema de vestidor para convertirse en un verdadero grito de guerra colectivo de toda una nación.
Hoy por la tarde México se paralizará, nuestros corazones latirán a un mismo ritmo pues nuestra selección nacional tiene una nueva cita con el destino, 11 jugadores saltarán a la cancha del “Estadio Azteca”, ahora apodado “Estadio Ciudad de Mexico”, para enfrentar a la selección inglesa y buscar su pase a la siguiente fase del mundial de futbol.
Para entender el impacto de la frase, es necesario entender el contexto de su nacimiento. La frase viral «¿Y si sí?» surgió durante la Liguilla del torneo Clausura 2026 de la Liga MX. El entonces técnico de los Pumas, Efraín Juárez, fue cuestionado sobre las posibilidades de su equipo para ser campeón. Recordemos que Pumas venía de un desastroso arranque de temporada y cerraba el torneo como líder de la competencia. Su memorable respuesta fue «¿Y si sí? ¿Y si Pumas sí es campeón?». Aunque el equipo universitario no logró el título en aquel torneo, la frase quedó grabada en la mente de los aficionados. Al preguntar «¿Y si sí?», Juárez no estaba decretando un resultado; estaba abriendo una grieta en el muro del escepticismo. Estaba otorgando, por primera vez en mucho tiempo, el beneficio de la posibilidad. Dejaba entrever que el «¿Y si sí?» pudo haber sido una estrategia para revertir la tendencia negativa y entrar en un proceso virtuoso de éxitos.
La expresión pasó a ser hoy la expresión colectiva de la afición mexicana durante el Mundial de 2026, transformándose en una forma de expresar esperanza e ilusión, y volver a creer en la victoria a partir de la confianza
Esto me hizo recordar mi etapa de maestría, llevando la materia de Alta Dirección donde el maestro Jorge Bojalil, excelente catedrático y amigo, nos dio una serie de libros a leer y de uno de ellos debíamos presentar los hallazgos de la lectura. Tomé un libro que hasta el día de hoy lo considero un libro revelador y por demás útil para quien encabeza los esfuerzos de una organización, una ciudad, una familia o aún una nación. En el libro “Confianza” la autora Rosabeth Moss Kanter analiza como el factor confianza es determinante en el éxito o el fracaso de las personas, las organizaciones y las naciones, mostrando estudios realizados en organizaciones alrededor del mundo.
Ahora, dejen les platico que tiene que ver ese libro con lo que hoy vivimos con el «¿Y si sí?» de nuestra selección.
Rosabeth Moss Kanter, catedrática de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, describe la confianza como el catalizador para romper las espirales descendentes. Kanter explica que los sistemas humanos (corporaciones, familias, equipos o países) que caen en rachas perdedoras sufren de una patología común: La pérdida de confianza en sus propias capacidades individuales y colectivas. El fracaso genera culpa; la culpa genera egoísmo y división; la división mata la iniciativa; y la falta de iniciativa asegura el siguiente fracaso. Tal vez nos suene familiar…
Para frenar esa caída libre se necesita un choque al sistema, una intervención que obligue a los integrantes del equipo a cambiar la pregunta fundamental. Mientras el entorno lanza la pregunta «¿Y si volvemos a perder?», el líder introduce el vector del cambio: «¿Y si sí?”, “¿Y si ganamos?”.
Y si, de manera similar sucede el camino hacia el éxito, cada éxito genera la sensación de que cada día es más fácil ganar y seguir ganando y así, cada triunfo genera mayor confianza, genera mayores adeptos, mayor unidad en el equipo, mayor capacidad de iniciativa e innovación, y la sensación de que el siguiente juego, será más fácil ganar.
Como una muestra de ello lo podemos medir en los asistentes a los festejos del Ángel de la independencia.
Juego 1: 150 mil asistentes festejando
Juego 2: 400 mil asistentes festejando
Juego 3: 800 mil asistentes festejando
Juego contra Ecuador: 1.5 millones de personas festejando
Rosabeth Moss Kanter plantea la confianza en 4 dimensiones
1.La dimensión personal: La autoconfianza como detonante
En el esquema de Kanter, la confianza personal es el pilar sobre el que se asienta la acción.
Cuando una persona se apropia del «¿Y si sí?», desactiva el autosabotaje. El miedo a fallar suele ser más paralizante que el fracaso mismo. Al creer que el éxito es posible, el individuo deja de buscar excusas anticipadas para su potencial derrota y empieza a pulir sus talentos con disciplina.
Una persona que aprende a responderse «¿y si sí?» ante sus propios desafíos es una persona en constante expansión y mejora.
2. La dimensión del equipo: La seguridad psicológica y el alto rendimiento
Ningún individuo, por más talentoso que sea, puede ganar un campeonato o transformar una realidad de manera aislada. Aquí es donde la confianza se vuelve una propiedad colectiva. Rosabeth Moss Kanter señala que los equipos ganadores se distinguen por una dinámica de colaboración integral.
En un equipo donde impera el «¿Y si no?», los integrantes juegan a la defensiva, cuidan su propio prestigio, ocultan sus debilidades y culpan a los compañeros ante el primer contratiempo. Por el contrario, cuando un equipo adopta el grito de guerra del «¿Y si sí?», el equipo se mueve bajo tres dinámicas que Kanter considera indispensables:
• Apertura y flujo de información: Se habla con la verdad, se corrigen los errores a tiempo y no se guardan rencores.
• Iniciativa compartida: Los miembros se atreven a innovar y a tomar riesgos calculados porque saben que, si fallan, el equipo saldrá a respaldarlos y no a lincharlos.Veamos el caso de Mora.
• Celebración del éxito ajeno: El triunfo del compañero se entiende como el triunfo del sistema. No hay espacio para la envidia porque todos están subidos en la misma espiral ascendente. Veamos en abrazo entre los porteros Memo Ochoa y “Tala” Rangel.
3. La dimensión familiar: El laboratorio original de la confianza
Si bien el libro de Kanter nació observando el entorno de los negocios y el deporte, sus principios encuentran su aplicación más pura e importante en el seno del hogar. La familia es el laboratorio original donde se diseña la relación que los hijos tendrán con la confianza durante el resto de su vida.
El «¿Y si sí?» en la familia se traduce en un pacto de lealtad y soporte. Significa validar la identidad y los proyectos de los hijos y del cónyuge.
Rosabeth Moss Kanter afirma: «La confianza no es optimismo ciego; es tener las estructuras de soporte necesarias para resistir el peso del intento.»
Cuando un hijo escucha en su mesa un «¿Y si sí lo intentas?» respaldado por el compromiso de sus padres de acompañarlo en las buenas y en las malas, ese joven adquiere un blindaje emocional indestructible. Aprende que su hogar es una red de seguridad, no una aduana de prejuicios o reproches.
4. La dimensión de la nación: La profecía autocumplida de un pueblo
La confianza escala hasta convertirse en un fenómeno macroeconómico y cultural. El libro analiza el caso de Sudáfrica liderado por Nelson Mandela. Las naciones, al igual que las empresas, entran en rachas ganadoras y perdedoras. Cuando un país se sumerge en el pesimismocolectivo, donde la narrativa común es «aquí nada cambia», «todos los políticos son iguales» o «el enemigo de un mexicano es otro mexicano», la sociedad civil se paraliza. El escepticismo nacional se vuelve una profecía autocumplida.
La genialidad de la frase no radica en una complejidad filosófica, sino en su tremenda capacidad de síntesis y en su poder de acción. En tres sílabas, encapsula toda la teoría de la confianza organizacional de Harvard y la aterriza al lenguaje del día a día.
La confianza no aparece mágicamente el día de la gran final, ni el día de la graduación, ni en el momento de la crisis familiar. La confianza se entrena en lo pequeño, en la decisión diaria de apostar por la posibilidad en lugar de instalarnos en la comodidad de la duda.
Sin embargo, al final, los estadios apagarán sus luces, las canchas quedarán vacías y el torneo llegará a su fin. La verdadera pregunta que nos queda como sociedad, como mexicanos y como padres de familia es: ¿dónde se va a quedar a vivir ese fuego? Si ese «¿y si sí?» solo sirvió para alentar un partido de futbol, habremos desperdiciado el combustible más puro que la vida ha puesto en nuestras manos. La gran cancha, el verdadero mundial donde se juega el destino, la felicidad y la salvación, no tiene pasto verde ni tribunas monumentales; se juega en la mesa del comedor, en los trayectos a la escuela, en las jornadas laborales diarias. Se juega en la familia.
¿Qué pasaría si mudáramos ese grito de guerra al interior de nuestros hogares? en el proyecto universitario de un hijo, enel emprendimiento postergado de una esposa, en el proyecto de familia o la necesidad de sanar una herida familiar que parece incurable. ¿Y si sí?
Por lo pronto hoy por la tarde veremos a 11 mexicanos saltar a la cancha a representar a nuestro país, jugar contra Inglaterra y buscar su pase a siguiente ronda con la convicción del ¿Y si sí?
Nos vemos en la próxima entrega y si crees que a alguien le puede ser de utilidad compártelo




