“PISA, UNA OPORTUNIDAD” PARTE I

Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

Hace unos días, desayunando con muy buenos amigos, uno, directivo de una empresa automotriz española de clase mundial, otros, responsables de proyectos de internacionalización de una de las instituciones educativas más destacadas a nivel nacional que tiene uno de sus planteles en Puerto Interior y yo como parte de The Valerio Foundation, platicábamos sobre la importancia de fortalecer las características de los egresados de nuestras universidades y empatar estas con las oportunidades que brinda el sector productivo (técnicamente le llamamos perfil de egreso), y fue grato ver como el diálogo no se quedó en números y proyectos. Le pusimos carne y hueso, es decir, es hablar de jóvenes que, a partir de su paso por las aulas, salen con la capacidad de abrirse paso en el mundo y poder ser profesionales exitosos.

No sabíamos que unos días después la OCDE presentaría los resultados PISA y traería consigo una oleada de comentarios, lamentos, críticas, reclamos y justificaciones, que venían a reforzar hipótesis que habíamos comentado en torno a esa mesa de amigos.

Vamos por partes, en esta columna hemos asumido de manera permanente que quienes tenemos hijos siempre buscamos que a ellos les vaya bien; les proveemos de todo lo que nuestra capacidad nos permite, escuela, apoyos, materiales, experiencias, equipo, todo, todo lo que ponemos a disposición de nuestros hijos lo hacemos con la convicción de que eso le ayuda para ser personas exitosas.

La hipótesis de la prueba PISA es que un estudiante puede tener mejores posibilidades de éxito académico si desarrolla tres tipos de competencias: Matemáticas, Lectura y Ciencias, adicionalmente mide lo que llaman competencias innovadoras.

Cada vez que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publica los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), se desencadena una dinámica predecible en la opinión pública. Históricamente, la difusión de estos datos genera una tormenta de recriminaciones. Los políticos culpan a los maestros; el magisterio señala la falta de infraestructura y el abandono estatal; los padres reclaman a las escuelas por la calidad del aprendizaje; y la sociedad termina observando las cifras con resignación

Sin embargo, el informe no debería ser una justificación para señalar culpas, sino un espejo de alta precisión que nos muestra cómo están razonando nuestros jóvenes de 15 años en Matemáticas, Lectura y Ciencias, así como en las nuevas competencias del siglo XXI.

El auténtico desafío para los gobiernos, los docentes, directivos, madres y padres de familia radica en cambiar el enfoque: transformar el reporte en un insumo de trabajo técnico y humano. Si no abordamos los datos de PISA como una boleta de reprobado, sino como una radiografía de oportunidad, podemos dar paso a oportunidades de mejora en bien de nuestros hijos.

¿Qué mide realmente PISA?

PISA evalúa la capacidad de los estudiantes de 15 años para utilizar sus conocimientos ante situaciones del mundo real:

  • Matemáticas: La habilidad para formular, emplear e interpretar las matemáticas en diversos contextos (financieros, personales, científicos y sociales).
  • Lectura: La capacidad para comprender, usar, evaluar, reflexionar e interactuar con textos con el fin de alcanzar metas personales, desarrollar el conocimiento y participar en la sociedad.
  • Ciencias: La competencia para explicar fenómenos científicamente, diseñar y evaluar investigaciones e interpretar datos y evidencias.
  • Competencias Innovadoras (Pensamiento Computacional / Pensamiento Creativo): La capacidad para descomponer problemas complejos, reconocer patrones y proponer soluciones lógicas o creativas.

Un primer análisis de los resultados nos permite identificar tres focos de atención:

  1. Un porcentaje considerable de estudiantes se sitúa por debajo del Nivel 2 de competencia. Esto significa que enfrentan severas dificultades para identificar la idea principal de un texto, formular un juicio basado en evidencias o realizar operaciones aritméticas sencillas que involucren un mínimo razonamiento.
  2. Menos del 1% de la población estudiantil en varios países de la Latinoamérica alcanza los niveles 5 o 6 en las pruebas (frente a promedios de la OCDE que rondan el 10-12% y cifras superiores al 30% en economías líderes como Singapur o Japón). Esto limita la formación de talento avanzado en ciencia, tecnología e ingeniería.
  3. El nivel socioeconómico de la familia continúa explicando una porción significativa de la variación en los resultados. Sin embargo, la propia evaluación PISA destaca la existencia de estudiantes de entornos desfavorecidos que logran posicionarse en los niveles superiores de rendimiento.

En estos últimos días ha habido declaraciones de diferentes actores de la vida pública que nos invitan a la reflexión.

Unos dicen que nos fue muy mal. Tienen razón

Otros dicen que nos fue muy mal pero casi a todos los países nos fue mal. También tienen razón.

Otros dicen que no se toma en cuenta al evaluar, las características sociales del alumno. Es cierto

Otros dicen que falta evaluar otros aspectos. También tienen razón.

Algunos afirman que la baja generalizada tiene que ver con el uso lúdico e indiscriminado de los dispositivos móviles. Tienen razón también, y coincide con lo que planteamos hace algunas semanas en la columna de “La Generación Ansiosa”

Regresando a la plática comentaban que tanto las instituciones educativas como las empresas identifican la necesidad fortalecer en los estudiantes no solo los aspectos académicos sino también las habilidades blandas pues son claves en la capacidad de crecer en comunidad.

También se comentaba que el rol de los padres es muy importante en el proceso de desarrollo del alumno pues brindan un soporte emocional y un acompañamiento que impacta en su desempeño.

Por último, se afirmaba que el contexto social influye en el desempeño académico y en la posibilidad de éxito profesional

¿Y entonces qué hacer?

Primero, que quienes toman decisiones en el ámbito educativo y quienes generan políticas públicas que impactan en el desarrollo de nuestros jóvenes conozcan el informe PISA. Quiero retomar una afirmación que alguna ocasión me hizo el maestro Ramiro Rosas hace algunos años, en aquel entonces Coordinador de Educación Básica en la Secretaría de Educación; él decía: “La comprensión lectora es la base de todo, hasta para resolver un problema matemático, si no sabes leer y entender lo que lees no podrás aspirar a resolverlo”. El era un profesional de la educación en su posición, sabía, leía, investigaba, y decidía sabiendo. Hoy el maestro Ramiro es un maestro felizmente jubilado.

Segundo. Que nuestros maestros también conozcan los resultados e identifiquen buenas prácticas que puedan aplicar en el aula. No solo para mejorar los resultados de la evaluación, sino más bien para mejorar en el impacto en el desarrollo de los alumnos.

Tercero. Que los padres de familia conozcan de que se trata la evaluación y como pueden, desde casa, influir en un mejor desempeño educativo de sus hijos. Los países que tienen los mejores resultados tienen también un mayor involucramiento de los padres y una alianza entre la escuela y el hogar.

Cuarto. Que otros actores públicos conozcan y se comprometan con el desarrollo de nuestros jóvenes pues claro que el entorno influye en el desempeño educativo de los alumnos. Es muy difícil que un estudiante rinda al 100 si en su comunidad los índices de inseguridad lo obligan a vivir con miedo permanente, si en las calles el riesgo de ser asaltado es constante o si los altos índices de drogadicción lo ponen en permanente riesgo. Un alumno no rendirá al 100 si sus padres no tienen trabajo o vive en una familia disfuncional. Por eso la importancia de mejorar los entornos para mejorar el desempeño.

Finalmente, detrás de cada cifra, de cada tabla y de cada punto porcentual en el informe PISA, hay un joven de 15 años sentado frente a un examen que intenta comprender su mundo. Hay una mirada cargada de potencial, de curiosidad y de un futuro aún por redactar.

Cuando observamos los resultados internacionales y nos limitamos a lamentar nuestra posición en las gráficas, cometemos una injusticia profunda hacia esa juventud. Los datos no son una sentencia de mediocridad; son un mapa de navegación que nos señala con claridad dónde estamos y hacia dónde debemos ajustar el rumbo.

¿Y qué hacen los países que obtienen buenos resultados?

Denme oportunidad y lo platicamos la siguiente entrega, haremos un poco de benchmarking o al menos marcaremos una guía para que padres y maestros pueden buscar buenas prácticas que adoptar o adaptar para el aula o para la casa, pues todos queremos que a nuestros hijos les vaya mejor.

Nos vemos en la siguiente entrega, y si crees que le pueda ser de utilidad a alguien ayúdanos a compartir.

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