Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
La frase dicha por el astronauta Jack Swigert el 13 de abril de 1970 tras una explosión en la nave fue: «Ok, Houston, hemos tenido un problema aquí». Hoy en día, la cita popular «Houston, tenemos un problema» se utiliza para señalar que ha surgido un imprevisto grave y complejo.
Y tal parece que ese es el mensaje que llega al momento que nos damos cuenta que llegaron las vacaciones y tendremos en casa a nuestros hijos.
Si bien vamos a dejar de batallar con las desmañanadas, con la preparación de uniformes y desayunos o con las tareas que “algunas” veces terminamos haciendo nosotros para nuestros hijos, bueno y ni que decir de las salidas los domingos en la noche a buscar el cromo o el pliego de papel de china que le encargaron a nuestro hijo; es un hecho que descansamos de todo eso, pero nos comenzamos a preocupar por lo que van a hacer nuestros hijos en vacaciones o que vamos a hacer con ellos.
Para algunos padres, las vacaciones acabanconvirtiéndose en una serie de horarios desordenados, días improvisados y con la sensación de que los hijosestán constantemente aburridos o reclamando atención.
Lo que debería ser un tiempo de descanso y convivencia puede terminar convirtiéndose en fuente de pleitos y agotamiento.
Pero no tiene por qué ser así; las vacaciones escolares no deben convertirse en una prolongación de la escuela, pero tampoco en semanas sin normas, sin rutinas, sin objetivos. Las vacaciones ofrecen una oportunidad única para que los hijos, si bien descansen, también desarrollen nuevas habilidades y valores, ganen autonomía, fortalezcan los lazos familiares y disfruten de experiencias que durante el periodo de clases son difíciles de vivir.
La clave está en encontrar un equilibrio entre libertad y organización. Los niños necesitan tiempo para jugar, explorar y descansar, pero también necesitan cierta estructura que dé sentido a sus días y evite que las vacaciones se conviertan en un problema para toda la familia.
Te comparto algunas sugerencias sencillas que te pueden ayudar.
CUIDAR LOS HORARIOS
Los niños y los adolescentes necesitan cierta previsibilidad en su día a día. Durante las vacaciones no hace falta seguir con los horarios del periodo de clases ni planificar cada hora del día, pero sí conviene mantener algunas rutinas básicas que aporten orden y estabilidad.
Por ejemplo, es recomendable fijar una hora máxima para levantarse, mantener unos horarios de comida relativamente estables, reservar momentos tranquilos para leer o realizar alguna actividad formativa y contar también con tiempos de descanso y ocio.
Así se fortalece el valor del orden.
QUE TODOS DESCANSAN Y TODOS AYUDEN
Las vacaciones son una excelente oportunidad para que los hijos comprendan que forman parte de una familia y que, como ocurre en cualquier equipo, las responsabilidades se reparten entre todos. Las vacaciones no deberían convertirse en un tiempo en el que unos descansan mientras otros se ocupan de todo.
Por eso, puede ser un buen momento para revisar las responsabilidades que ya tenían durante el periodo de clases o para definir nuevas responsabilidades, acordeal periodo vacacional.
Es importante que cada hijo tenga tareas acordes a su edad y madurez, tanto por su dificultad como por el tiempo que requieren. No se trata de ocuparles ni de convertir la casa en un cuartel, sino de ayudarles a crecer en autonomía, responsabilidad y espíritu de servicio.
TODOS LOS DÍAS UN ESPACIO PARA APRENDER
Si los hijos tienen deberes de vacaciones, lo más aconsejable es no dejarlos para los últimos días de agosto. Tras una primera semana de descanso, pueden dedicar cada día un pequeño rato a realizarlos, siempre adaptando el tiempo a su edad. De este modo avanzarán poco a poco, sin agobios ni prisas de última hora, y podrán olvidarse de ellos durante los periodos de vacaciones familiares.
PANTALLAS SÍ, PERO CON REGLAS
Durante las vacaciones es fácil caer en la tentación de relajar algunas normas que durante el periodo de clases están mucho más controladas. El uso de pantallas suele ser uno de los aspectos en los que más rápidamente se amplían los límites. Y aunque es razonable que los hijos dispongan de algo más de tiempo libre, conviene que ese aumento responda a una decisión consciente de los padres y no a la improvisación del día a día.
Importante es valorar el uso recomendado de pantallas de acuerdo a la edad
Cuando no existen reglas claras, las pantallas acaban ocupando más espacio del que desearíamos. Los hijos piden más tiempo, los padres ceden para evitar discusiones y, casi sin darse cuenta, el teléfono, la tableta o el videojuego terminan convirtiéndose en el centro de las vacaciones.
Los acuerdos previos evitan muchas discusiones.
NINGÚN DÍA SIN SALIR DE CASA
Pasar tiempo al aire libre debería ser una de las prioridades de las vacaciones. Tanto los niños como los adultos necesitamos salir de casa, cambiar de ambiente y movernos. Cuando pasamos demasiados días encerrados entre las mismas paredes, el aburrimiento, el mal humor y los conflictos aparecen con mucha más facilidad. Para muestra recordar la etapa de pandemia.
Por eso, conviene procurar que todos los días incluyan algún momento fuera de casa. No hace falta organizar grandes planes ni excursiones espectaculares. A veces basta con salir a caminar, ir al parque o disfrutar de una tarde en alguna cancha deportiva.
Además de ser una fuente de diversión, la actividad física y el contacto con el exterior tienen efectos muy positivos en el bienestar de toda la familia. El movimiento ayuda a regular el sueño, mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y favorece una convivencia más tranquila.
Una buena regla para el verano podría ser esta: que ningún día termine sin haber salido de casa.
Con esto se fortalecen los hábitos de vida saludables
DARLES ALAS SIN PERDER EL RUMBO
Con los adolescentes conviene cambiar el enfoque. A estas edades, la autonomía bien acompañada suele dar mejores resultados que el control constante. Las vacaciones pueden ser una excelente oportunidad para ayudarles a asumir una mayor responsabilidad sobre su tiempo y sus decisiones.
En lugar de planificar cada detalle por ellos, es preferible invitarles a reflexionar sobre cómo quieren organizar sus vacaciones. Se les puede animar a establecer algunos horarios básicos, plantearse objetivos personales o pensar en aquellas actividades que les gustaría realizar durante estas semanas.
Después, padres e hijos pueden revisar juntos esas propuestas, valorar si son realistas y acordar los ajustes necesarios. De este modo, los adolescentes participan activamente en la organización de su tiempo, al mismo tiempo que aprenden a planificar, priorizar y asumir compromisos.
También es un buen momento para conversar sobre cuestiones como qué les gustaría aprender, qué proyectos personales quieren desarrollar, qué planes desean hacer con sus amigos o cómo quieren contribuir a la vida familiar durante las vacaciones.
Más que controlar cada hora de su día, el objetivo es ayudarles a dar pasos hacia una autonomía responsable, una habilidad que les será útil mucho más allá del periodo vacacional.
FORTALECER LA UNIÓN FAMILIAR
No hace falta pasar todo el día juntos para fortalecer los lazos familiares; de hecho, las vacaciones ofrecenuna oportunidad. Al desaparecer las prisas, los horarios escolares y muchas de las obligaciones habituales, los hijos suelen estar más relajados, más divertidos y más receptivos para compartir experiencias con sus padres y hermanos.
Por eso, conviene reservar algunos momentos familiares que todos conozcan y respeten. No tienen que ser grandes planes ni actividades extraordinarias. Muchas veces son los pequeños rituales los que terminan dejando una huella más profunda.
Con el paso de los años, los hijos rara vez recuerdan un día cualquiera del verano. Sin embargo, sí suelen recordar esas costumbres familiares que se repetían cada semana y que les hacían sentirse parte de algo importante.
Porque las familias no se construyen únicamente a través de grandes acontecimientos, sino sobre todo mediante pequeños rituales compartidos que, repetidos una y otra vez, terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables.
FORTALECER UN VALOR EN VACACIONES
Algo más que se puede hacer en vacaciones es identificar un valor que se pueda mejorar en el día a día.
Si se tiene definido el valor, las actividades a realizar durante el periodo vacacional deberán estar alineadas a fortalecer la vivencia de este valor.
Lecturas, películas, pláticas y actividades que se planeen para las vacaciones deben tener un objetivo, fortalecer ese valor que establecimos como prioridad.
Es importante también cuidar que cada día debacontener algo útil, algo divertido, algo físico y algo compartido.
Cuando estos ingredientes están presentes de forma habitual, las vacaciones dejan de ser una sucesión de días improvisados y se convierten en una experiencia enriquecedora para la familia.
Unas vacaciones así permiten descansar, crecer, fortalecer los vínculos familiares y crear recuerdos que permanecerán mucho después de que llegue septiembre.
Por último, si bien se puede establecer una planeación de las actividades para las vacaciones el elemento clave en este proceso de mejora es el testimonio que demos como padres, si queremos que respeten los horarios, debemos ser ejemplo de respeto, si queremos que hagan deporte, debemos ser ejemplo, ejemplo en el uso de pantallas o en la vivencia del valor a promover en vacaciones pues como platicábamos en días pasados con padres de familia en Purisima del Rincón. “El evangelio que mejor va a guiar la vida de nuestros hijos es el que les demos como ejemplo, es nuestro testimonio”
Gracias por leerme, nos vemos en la próxima entrega y si crees que a alguien le puede ser de utilidad compártelo




