Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
Hace algunos años, llegó a mis manos un pequeño libro titulado “La tregua”, era una novela de un autor uruguayo, me gustó; luego busqué otro y leí “La borra de café” luego “Gracias por el fuego”, “Pedro y el capitán”, “El rincón de los Haikus” y finalmente “Inventario uno”, de pronto me di cuenta que me encantaba leer a Mario Benedetti. Por años lo fui leyendo y sin darme cuenta había pasado de la novela y aterrizado en la poesía.
En “Inventario Uno” encontré un poema que me ha encantado y que dice en una de sus líneas: “Si te quiero es porque sos / mi amor mi cómplice y todo / y en la calle codo a codo / somos mucho más que dos”
El ser humano no fue creado para el aislamiento. El matrimonio es, por tanto, mucho más que un contrato civil o una convención social. El amor conyugal no se vive en el vacío, se encarna en la vida cotidiana, en las cuentas por pagar, en las noches en vela cuidando a un hijo enfermo, y en los desafíos de un mundo que muchas veces ha olvidado cómo se vive la expresión crecer juntos.
Acompáñame a este viaje de amor pleno con Mario Benedetti.
“Tus manos son mi caricia / mis acordes cotidianos / te quiero porque tus manos / trabajan por la justicia”
Benedetti comienza su poema fijando la mirada en las manos del ser amado. Las manos de los esposos son herramientas de santificación mutua.
En el matrimonio, la caricia no es solo el gesto romántico de los primeros días de noviazgo; lascaricias deben ser los «acordes cotidianos». Es la constancia de preparar el café por la mañana, la delicadeza de escuchar al otro tras una jornada agotadora, la fidelidad en los pequeños detalles, el apoyo y la comprensión mutua.
Amar al cónyuge porque sus manos «trabajan por la justicia» significa admirar sus virtudes, significa ver al otro esforzarse por ser honesto en el trabajo, por llevar el pan limpio a la mesa y por edificar un hogar donde se respiren y se vivan las virtudes.
Los hijos no aprenden la justicia a través de discursos teóricos o clases de moral; la aprenden viendo el testimonio de los padres, viendo lo que hacen las manos de sus padres.
Las manos de los padres se convierten en el primer catecismo vivo que los niños leen.
“Si te quiero es porque sos / mi amor mi cómplice y todo / y en la calle codo a codo / somos mucho más que dos”
El estribillo del poema es una de las declaraciones de comunión más poderosas de la literatura hispana.
Aplicado al matrimonio, define a la perfección la esencia de la alianza matrimonial.
¿Qué significa que el cónyuge sea un «cómplice»? una alianza inquebrantable. El esposo y la esposa son los mejores amigos, los confidentes secretos, el refugio seguro donde no hay miedo a ser juzgado, donde una lagrima puede fluir y verse secada por el hombro y el corazón del compañero de vida.
Es la certeza de que, ante cualquier tempestad exterior (crisis económica, incomprensión familiar, enfermedad), dentro del hogar hay un espacio seguro.
La expresión «en la calle codo a codo» evoca la imagen de un caminar juntos, un vivir públicamente su amor y su alianza.
Matemáticamente, uno más uno son dos. Pero en la espiritualidad matrimonial, cuando un hombre y una mujer se unen, el resultado rompe la aritmética humana: son mucho más que dos porque el amor en el matrimonio suele hacer milagros.
Cuando una pareja camina codo a codo apoyada en la gracia, posee una fuerza sobrenatural para transformar el ambiente que la rodea.
“Tus ojos son mi conjuro / contra la mala jornada / te quiero por tu mirada / que mira y siembra futuro”
¿Cuántas veces un esposo o una esposa regresa a casa cargando el peso de un «mal día en el trabajo»? Un fracaso laboral, una humillación, el cansancio extremo. En ese instante, encontrarse con los ojos de la persona amada (una mirada que no juzga, que comprende y que acoge) funciona como un bálsamoreparador.
Los esposos siembran futuro cuando, a pesar de las dificultades del presente, deciden seguir apostando por su familia, cuando saben que el esfuerzo de hoy rendirá frutos en el mañana y en la eternidad, y cuando más allá de cualquier dificultad, prevalece su amor y su fe.
Cuando los hijos perciben que sus padres se miran con esperanza, ellos mismos crecen sin miedo al mañana. Aprenden que el matrimonio no es una trampa que marchita la juventud, sino una aventura que madura y florece con los años.
“Tu boca que es tuya y mía / tu boca no se equivoca / te quiero porque tu boca / sabe gritar rebeldía”
Este es un mensaje de respaldo, es vivir el “lo que decidas yo lo voy a apoyar, cuenta conmigo”
En un mundo donde todo se usa y se tira, donde los matrimonios se disuelven ante la primera discusión, gritar «te prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida» es un acto de rebeldía absoluta.
Rebeldía también es defender la verdad, los valores y las convicciones.
“Y por tu rostro sincero / y tu paso vagabundo / y tu llanto por el mundo / porque sos pueblo te quiero”
En el matrimonio, la sinceridad es vital. San Juan de la Cruz decía que al atardecer de la vida seremos juzgados en el amor y ese juicio comienza en la sinceridad del hogar.
Un matrimonio maduro sufre con los que sufren. No es indiferente al dolor de los necesitados, de los migrantes, de los desempleados o de las familias rotas.
Para el matrimonio, la palabra «pueblo» resuena inmediatamente como comunidad, la familia como base de la comunidad, una comunidad que camina unida y donde los hijos se forman en la solidaridad y la ayuda al prójimo pues en el servicio el matrimonio se fortalece
Los hijos que ven a sus padres actuar antes las necesidades del prójimo, para aliviarlas, se vacunan contra el egoísmo, pues saben que su misión en la vida es poner sus talentos al servicio del bien común. Se convierten en ciudadanos responsables y cristianoscomprometidos.
“Y porque amor no es aureola / ni cándida moraleja / y porque somos pareja / que sabe que no está sola”
El matrimonio no es la historia de dos seres perfectos. Los esposos reales tienen defectos, heridas del pasado, temperamentos que chocan y efectos de días malos. Atribuirle una «aureola» de perfección artificial al matrimonio genera frustración cuando aparecen las inevitables crisis.
Tampoco el matrimonio es un cuento de hadas con una felicidad automática; requiere esfuerzo, sacrificio, mucho trabajo y sobre todo mucha fe.
Pero claro, todo eso vale la pena.
Por último, Benedetti nos recuerda que no estamos solos. Primero sabemos que nos tenemos el uno al otro, pero luego siempre habrá otro matrimonio que paso por lo mismo y que seguramente nos puede ayudar
“Te quiero en mi paraíso / es decir que en mi país / la gente viva feliz / aunque no tenga permiso”
El anhelo de felicidad es intrínseco al ser humano.
Para el matrimonio, el «paraíso» debe ser el propio hogar. El hogar debe ser un oasis de paz en medio del desierto del mundo; un lugar donde cada miembro de la familia se sienta profundamente amado y valorado.
El reto es hacer del hogar es un espacio donde se ríe, se celebra la vida, se comparte la mesa con gozo y se construyen los sueños de todos.
Habiendo recorrido cada una de las estrofas de “Te quiero” resulta evidente que la solidez del vínculo entre los esposos es el factor determinante en la educación e identidad de los hijos.
El poema de Mario Benedetti se cierra y se abre constantemente con su estribillo, recordándonos la fuerza del caminar y crecer juntos: «en la calle codo a codo somos mucho más que dos».
Hoy muchos matrimonios batallan para caminar juntospero también hay otros que nos demuestran que se puede vivir toda una vida de la mano, creciendo y construyendo familias sólidas y ejemplares.
Ahí va completo…
Te quiero
Tus manos son mi caricia
Mis acordes cotidianos
Te quiero porque tus manos
Trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos
Mi amor, mi cómplice, y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro
Contra la mala jornada
Te quiero por tu mirada
Que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía
Tu boca no se equivoca
Te quiero por que tu boca
Sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos
Mi amor mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero
Y tu paso vagabundo
Y tu llanto por el mundo
Porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aurora
Ni cándida moraleja
Y porque somos pareja
Que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso
Es decir, que en mi país
La gente vive feliz
Aunque no tenga permiso
Si te quiero es porque sos
Mi amor, mi cómplice y todo
Y en la calle codo a codo
Somos mucho más que dos
Mario Benedetti
Nos vemos en la próxima entrega y si crees que a alguien le puede ser de utilidad, compártelo.




