“SANTOS DE A PIE”

Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

 UN DATO: En el mundo mueren aproximadamente 174,000 personas al día, cada minuto mueren 121 personas y cada segundo aproximadamente 2.

La entrega pasada platicábamos de la importancia de cuidar nuestro traje de héroe, de estar al pendiente de nosotros para estar listos para acompañar a quienes nos rodean, y nos sirvió para llegar a esta nueva entrega, que coincide con la fecha, 1 de noviembre, fecha en que honramos a esos héroes que, si bien ya no están con nosotros, se preocuparon por dejarnos su ejemplo.

Y quiero que recuerdes algún caso de una persona, padre, abuelo, vecino, conocido, compañero de trabajo, que ya falleció, pero que lo recuerdas como “una persona de bien”, esos casos que decimos: “Se me hace que va a ser santo”.

Hablemos de esos héroes que se hicieron santos.

Cada 1 de noviembre, con la solemnidad de Todos los Santos, se celebra a esa multitud incontable de personas comunes (abuelos, vecinos, trabajadores, padres de familia, maestros) que hoy ya no están físicamente con nosotros pero que vivieron una vida ejemplar en la trinchera de lo cotidiano.

 “Santidad”. Para muchos, este término evoca inmediatamente imágenes de vitrales góticos, rostros tallados en mármol y biografías de hombres y mujeres que vivieron en un perpetuo estado de éxtasis, ajenos a las cuentas por pagar, de los berrinches de los hijos, de los problemas laborales; alejados del bullicio y de la falsa sociedad, diría la canción.

 El Papa Juan Pablo II decidió buscar santos entre esos “héroes de a pie” En 26 años de pontificado canonizó a 482 santos y beatificó a otras 1,338personas; santos y beatos juntos que superan a todos los papas de los cuatrocientos años anteriores sumados.

 Entre su lista encontramos nombres célebres como el Padre Pío, Santa Faustina, Maximiliano Kolbe o Edith Stein, pero también figuras que surgieron de la cotidianidad: Juan Diego, el indígena del Tepeyac; un matrimonio de Roma con cuatro hijos (Luigi y María Beltrame Quattrocchi); una inmigrante que cuidaba enfermos en el sur de Brasil (Madre Paulina). Personas como cualquiera de nosotros, que decidieron hacer las cosas de cada día con un amor que no es de este mundo.

 A menudo se confunde santidad con impecabilidad. Bajo esta óptica, el santo es aquel que nunca tropieza, que no conoce la duda, que jamás experimenta la ira, el cansancio o la impaciencia, sin embargo, los grandes santos de la historia no fueron aquellos que no cayeron, sino aquellos que, habiendo caído innumerables veces, supieron levantarse, basta recordar el caso de San Pablo o San Agustín.

 Los héroes cotidianos tienen un espacio donde pueden florecer, ese es el hogar familiar. Es muy fácil mantener una fachada de virtud en la oficina o en la calle, pero el verdadero carácter se pone a prueba cuando se apagan las luces, cuando el cansancio acumulado pesa sobre los hombros, cuando hay que lidiar con las cuentas de fin de mes o cuando la convivencia diaria exige renuncias constantes.

 El 21 de octubre de 2001, Juan Pablo II hizo algo inédito: beatificó juntos, en la misma ceremonia a un matrimonio, a un esposo y a una esposa: Luigi y María Beltrame Quattrocchi. Él era abogado; ella escribía libros sobre la educación de los hijos. Se casaron en 1905, tuvieron cuatro hijos, vivieron en una casa común en Roma, con cuentas que pagar, vivieron dos guerras, enfermedades como cualquier familia y noches sin dormir cuando la familia lo necesitó. Lo extraordinario de su vida fue haber vivido lo ordinario con una vida heroica. Aquella mañana de beatificación, dos de sus hijos estaban en el altar vestidos de sacerdotes celebrando la misa junto al Papa, acompañados por su hermana Enrichetta.

 Los padres están llamados a ser héroes con olor a hogar. No se trata de ser padres infalibles, sino padres bendecidos en su cotidianidad y entregados al bienestar de los suyos.

 Ahora, la escuela vive una función importantísima: enseñar es moldear almas. El maestro ejerce una influencia indeleble en la mente y el corazón de sus alumnos.

 Con frecuencia se comete el error de pensar que la espiritualidad es un asunto exclusivo de los adultos, como si la juventud fuera un paréntesis moral donde está permitido el egoísmo a la espera de la madurez.

 Ser un buen hijo no significa ser un niño perfecto que nunca discute, sino aprender a honrar a los padres, asumir las responsabilidades con alegría y descubrir que la obediencia, vivida desde el amor, es una herramienta poderosa de maduración.

 El heroísmo visto en este sentido requiere, como lo platicamos, que el héroe se prepare todos los días, que se esmere todos los días, que todos los días busque hacer lo ordinario con un amor extraordinario.

 Así recordamos a muchos seres queridos, que hoy ya no están, pero siempre son honrados y recordados por su bondad, hoy un día especial para nosotros y para su memoria.

 Que este 1 de noviembre nos encuentre con el corazón abierto, para recordar con gratitud a quienes ya no están pues nos dejaron su ejemplo y honrarlos con nuestra vida pues no hay mejor forma de hacerlo que con nuestro testimonio.

 Porque al final de los tiempos, lo único que realmente importará cuando ya no estemos será cuánto amamos en lo pequeño, cuánto perdonamos en lo cotidiano,cuan héroes fuimos para nuestros seres queridos, para nuestra comunidad y para nuestra patria. Así, así nos recordarán el 1 de noviembre cuando ya no estemos aquí.

 Nos vemos en la siguiente entrega, y si crees que le pueda ser de utilidad a alguien ayúdanos a compartir.

 

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