“LA GENERACIÓN ANSIOSA”

PARTE I

 

Para vivir mejor. 

Gabriel Espinoza Muñoz

 

En una de nuestras entregas anteriores abordamos el tema de dejar las cosas para mañana; que cuando un hijo se queda paralizado frente a la pantalla del celular, repitiendo el incómodo “Ahorita”, no estamos ante una simple pereza, sino ante una auténtica guerra  internaen el corazón de nuestro hijo; una voluntad dividida entre querer hacer lo correcto y el no poder ejecutarlo en el presente por la sujeción al placer momentáneo.

 

Muchos padres podrían pensar que esta visión es puramente espiritual, filosófica o aún teórica; sin embargo, la ciencia contemporánea acaba de darle una justificación práctica contundente a esta hipótesis.

 

Y antes de entrarle al tema quiero agradecer a la maestra Rosy López, amiga entrañable y excelente maestra de la Escuela Normal de León, con quien platicamos sobre el tema hace algunas semanas y puso en mis manos una obra que dibuja de cuerpo completo este planteamiento, e identifica posiblescausas a esta, que considero una “Nueva Pandemia” que afecta  a nuestros niños y jóvenes; y claro también a no pocos adultos. 

 

El libro del que les hablo es “La Generación Ansiosa”,obra de Jonathan Haidt, publicado por editorial PAIDOS. En su obra, el Psicólogo Social norteamericano Jonathan Haidt demuestra con datos neurobiológicos, sociológicos y estadísticos lo que San Agustín descubrió bajo la higuera de Milán: la atención y la voluntad de nuestros hijos han sido secuestradas, divididas y fragmentadas deliberadamente por un entorno que destruye su capacidad de autocontrol; y como decía San Agustín en su obra “Confesiones”,“Señor, dadme la virtud, pero no todavía”, misma que cito en la entrega denominada “AHORITA, LA TRAGEDIA DE DEJAR LAS COSAS PARA MAÑANA”.

 

Ahora que han llegado las vacaciones de verano, el periodo del año donde el tiempo libre se multiplica y el riesgo de perder a los hijos en el océano digital alcanza su punto crítico, es urgente comprender la ciencia detrás de la parálisis de nuestros hijos, identificar sus efectos destructivos y armar un plan de acción concreto para rescatarlos y devolverles la paz en el hogar.

 

Quiero platicarles una pequeña historia, que nos puede ubicar de manera clara en el terreno de batalla. 

 

Por muchos años, la maestra Margarita ha visto pasar a miles de alumnos por su salón de clases; pero en los últimos años, ha notado algo distinto y perturbador; el espacio de receso, vamos, lo que llamamos cotidianamente “El Recreo”, ya no sonaban a risas, gritos, carreras o los grupitos de alumnos discutiendo de todo y de nada. El patio se ha convertido en un espacio de figuras silenciosas; decenas de niños y jóvenes sentados en los pasillos, con los cuerpos encorvados y los rostros iluminados únicamente por el brillo pálido de sus pantallas.

 

Un martes por la tarde, Margarita se puso conversar con Laura, una mamá que había ido a buscar a su hijade catorce años, Laura tenía los ojos cansados.

 

Maestra, le confesó en voz baja, ya no sé qué hacer con Alexa; antes le apasionaba el dibujo, pasábamos los fines de semana jugando juegos de mesa, salíamos en bicicleta… Hoy vive encerrada en su habitación; si le pido que baje a cenar, me dice “Ahorita”, pero ese “Ahorita” se convierte en horas de encierro navegando en videos de diez segundos. Cuando intento quitarle el teléfono se transforma; se vuelve agresiva o se hunde en un silencio helado. 

 

Siento que estoy perdiendo a mi hija frente a su teléfono, dijo Laura.

 

La maestra Margarita miró por la ventana hacia el patio vacío y le dijo:

 

Laura, imagine que a Alexa, al nacer, le hubiéramos regalado un pequeño jardín real en el patio de su casa; un lugar para ensuciarse las manos con tierra, plantar semillas, ver crecer los árboles, sentir el césped en sus pies, disfrutar las flores y saborear los frutos después de meses de paciencia. Pero hace unos años, sin darnos cuenta, le cambiamos ese jardín de tierra por un jardín de cristal dentro de una caja. En ese jardín digital, las flores crecen en un milisegundo con solo dar un click, no hay frustración, no hay espera, no hay lluvia, no hay necesidad de cuidados y los aplausos, los aplausos son inmediatos.

 

Margarita hizo una pausa y continuó:

 

El problema es que las flores de cristal no huelen a nada, los frutos no alimentan el alma y las raíces no existen. Alexa no es floja ni mala; es que su mente y su corazón se han acostumbrado a la impacto fácil del cristal, y la vida real, con sus tiempos lentos, sus libros, sus tareas y sus relaciones humanas, le pareceya insoportable; le atrofiamos la paciencia y le desactivamos la voluntad.

 

Al día siguiente, la maestra Margarita convocó a una junta urgente con los padres de familia. Sobre la mesa puso un montón de tierra, varias semillas y un puñado de teléfonos apagados.

 

Estimados papás, les dijo con firmeza y con mucha ternura; durante mucho tiempo nos dijimos que este era «el tiempo de los jóvenes», que la tecnología era inofensiva o que «Ya mañana» le pondríamos límites. Pero la ciencia y la experiencia nos están gritando que el mañana se acabó. Les estamos entregando niños con cuerpos de adolescentes pero con voluntades dormidas; están solos, ansiosos y paralizados.

 

Los padres y maestros se miraron en silencio; todos pensativos y preocupados al reconocer la realidad de sus propios hogares.

 

Pero hoy estamos aquí, continuó la maestra Margarita,no para lanzarnos culpas, sino porque estamos ante una oportunidad única e impostergable. Los niños no pueden romper estas cadenas de cristal por sí solos; necesitan que nosotros, los adultos, volvamos a ser los adultos. Necesitan que los maestros enseñemos la belleza del esfuerzo lento y la concentración profunda. Necesitan que los padres volvamos a poner límites con amor, apaguemos el ruido digital en casa y les devolvamos la tierra, el juego, la conversación cara a cara y la fe, le enseñemos el valor del juego libre.

 

Si no intervenimos hoy que son jóvenes, la vida los moldeará mañana a golpes de frustración.

 

Esa misma tarde, Laura llegó a su casa; no fue a gritarle a Alexa ni a arrebatarle el teléfono enojada, entró a su habitación, se sentó al borde de la cama, le pidió que apagara “el cel” un momento; la miró a los ojos con la ternura que no le mostraba en meses y le dijo:

 

Hija, perdón por dejarte solo en ese jardín de cristal; hoy vamos a volver a salir al patio de verdad, cuentas conmigo pues sé que tú también te necesitas de vueltay me necesitas contigo.

 

¿Qué sigue? 

¿Cómo ayudar a nuestros hijos?

 

No dejes de leer la entrega del siguiente domingo

 

Notas finales: 

 

Si bien la historia es real, han sido cambiados los nombres para guardar los datos reales de las personas involucradas.

 

Claro, salvo el nombre de la maestra Rosy, ese si es tal real como su excelente experiencia como docente.

 

La hice un poco más corta pues luego mi suegrísimame dice está muy larga y que no alcanza a leerla en una sola vez.   

 

Nos vemos en la siguiente entrega, y si crees que le pueda ser de utilidad a alguien ayúdanos a compartir

 

 

Artículos relacionados

RADIO T INFORMA Reproductor de Radio

Siguenos

44,899FansMe gusta
252SeguidoresSeguir
4,387SeguidoresSeguir
3,269SeguidoresSeguir
547SuscriptoresSuscribirte
- Publicidad -spot_img
- Publicidad -

Ultimas Noticias