Jueves 29 de octubre del 2026
Muchos jóvenes se sienten como “perro sin dueño”, como dijo un estudiante. Nada les importa ante la trágica realidad del día a día en la familia, la escuela, la colonia, la ciudad, el país y el mundo. Experimentan, sin saberlo, la oscuridad de una noche, sin la esperanza del amanecer. Ven solo un panorama de crisis morales, de odio caótico, de injusticia normalizada, de violencia incontrolada y de catástrofes ambientalistas, en resumen, la corrupción del alma.
Los médicos le llaman depresión juvenil, pero los adultos se limitan a darles “una letanía” de obligaciones incumplidas. Los padres también han perdido sus propios sueños del “deber ser”, sobre lo hijos, que son su gran esperanza. Pero los sabios permanecen serenos, porque saben por experiencia, que en la oscuridad se esconde el germen de una edad nueva y que, más allá del misterio de la noche, empieza siempre el amanecer. La noche es necesaria, pues sin ella, no hay amanecer. En los jóvenes estás, sin duda, ese nuevo amanecer.
Lic. Felipe Canchola González
Director General




