Andrea Méndez
San José, Costa Rica., 24 de agosto de 2026. —
Dos sismos de magnitud 5.3 y 4.8 sacudieron la madrugada de este lunes la zona central de Costa Rica, sumándose a una serie de al menos 12 terremotos de magnitud 7.0 o superior registrados durante 2026 en distintos puntos del planeta, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos.
El primer movimiento ocurrió a la 1:37 hora local, con epicentro en la localidad de Coronado, en el noreste de San José, a una profundidad de 7 kilómetros. Dos minutos después, un segundo temblor de magnitud 4.8 golpeó en la misma zona, a 10 kilómetros de profundidad.
La Comisión Nacional de Emergencia reportó desprendimientos de tierra en al menos una ruta de la zona y daños leves en algunas infraestructuras. Hasta el momento no se han reportado víctimas.
El sismólogo Lepolt Linkimer, de la Red Sismológica Nacional de la Universidad de Costa Rica, explicó que los movimientos se originaron en una falla local de poca profundidad, lo que explica la intensidad con que fueron percibidos por la población. Linkimer advirtió que Costa Rica es un país altamente sísmico y pidió a la ciudadanía mantenerse informada y seguir las recomendaciones de seguridad.
Un año de intensa actividad sísmica
Los sismos de hoy en Costa Rica se producen en el contexto de un año marcado por una importante actividad sísmica a nivel mundial. Según el catálogo del USGS, los terremotos de magnitud 7.0 o superior registrados en 2026 son los siguientes, en orden cronológico:
— Malasia, 22 de febrero, magnitud 7.1. A 629 kilómetros de profundidad; no dejó víctimas.
— Tonga, 24 de marzo, magnitud 7.5. Registrado a 234 kilómetros de profundidad en el Pacífico Sur.
— Vanuatu, 30 de marzo, magnitud 7.3. A 120 kilómetros de profundidad.
— Indonesia, 1 de abril, magnitud 7.4. Epicentro al este-sureste de Bitung, a 35 kilómetros de profundidad.
— Japón, 20 de abril, magnitud 7.4. Frente a la costa de Miyako. Activó alertas preventivas por posible tsunami.
— Filipinas, 7 de junio, magnitud 7.8. El más fuerte del año. Dejó al menos 106 muertos, más de 1,300 heridos y un tsunami de hasta un metro en algunas zonas costeras.
— Venezuela, 24 de junio, dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5, separados por 39 segundos. Más de 6,300 personas fallecidas, convirtiéndose en uno de los desastres naturales más letales de América Latina en años recientes.
— México, 17 de julio, magnitud 7.3. Epicentro a 52 kilómetros al oeste de Puerto Madero, Chiapas. Sentido en México, Guatemala y El Salvador, sin víctimas ni daños graves reportados.
— Colombia, 10 de agosto, magnitud 7.4. Epicentro en San José del Palmar, Chocó, a 107 kilómetros de profundidad. Al menos 240 personas fallecidas en cuatro regiones, con graves daños en Pereira, Manizales, Cali y Quibdó.
— Indonesia, 14 de agosto, magnitud 7.7. El segundo más fuerte del año. Epicentro en la región de Flores a poca profundidad. Dejó 68 muertos y cerca de 10 mil desplazados. Las autoridades activaron alertas de tsunami.
— Perú, 20 de agosto. El Instituto Geofísico del Perú lo registró con magnitud 7.2, mientras que el USGS lo estimó en 6.7, con epicentro a 35 kilómetros al norte de Coracora, en Ayacucho, a unos 100 kilómetros de profundidad. No se reportaron daños graves generalizados.
¿Está aumentando la actividad sísmica?
De acuerdo con especialistas y el propio USGS, la respuesta es no. El organismo estima que el planeta registra en promedio entre 15 y 20 terremotos de magnitud 7.0 o superior por año. Con 12 eventos hasta la fecha, 2026 se mantiene dentro de los rangos históricos normales, aunque por encima del ritmo registrado en el mismo periodo de 2024 y 2025.
Los expertos subrayan que la coincidencia temporal de varios terremotos en distintos países no implica una relación de causa y efecto entre ellos. Cada evento responde a procesos tectónicos locales y regionales independientes, y no existe evidencia científica que permita afirmar que un terremoto provoca otro a miles de kilómetros de distancia.
Las autoridades de Costa Rica y de los organismos sísmicos regionales mantienen vigilancia permanente sobre la actividad tectónica, al tiempo que recomiendan a la población contar con un plan familiar de emergencia ante la eventualidad de nuevos movimientos.





