Octavio López
Irapuato, Gto., 26 de Julio del 2026
Su camino estaba en la medicina, un apasionado por la salud, pero lo que el destino tenia preparado par el iba ser otra cosa, tremendos reflejos, personalidad y seguridad bajo los tres palos, un desafío de inventar técnicas para echar afuera el balón con el codo, se trata nada y nada menos que de Ricardo Zamora.
Nacido el 21 de septiembre de 1901, desoyó la guía de su padre quien quería que se dedicara a la medicina. En 1916 el RCD español recibió dos noticias de sorpresa, su veterano guardameta se retiraba y ya tenía a su sucesor un tal Ricardo Zamora de quince años. Tuvo conflicto con su progenitor ya que el echo de dejar la medicina por el futbol era algo de lo que no estaba convencido, pensaba que con el deporte rey, no se podría ganar la vida.
Pero después de todo eso, consiguió el permiso de sus padres y el niño de 15 años fue integrado con el primer equipo, como todo buen niño siguió su superstición: por siempre pondría un muñeco de trapo sobre las redes de su portería.
En algún punto los estudios convencerían a Zamora de regresar a los salones de clase, pero al verlo jugar en las calles el FC Barcelona lo convenció de volver. Con escasos años volvería a las canchas.
Apodado el “Divino”, Ricardo Zamora fue nombrado así por sus increíbles atajadas que parecían milagros esto junto con su gran seguridad bajo los tres palos inclusive se decía en ese entonces que solo existían dos clases de porteros, Ricardo Zamora y San Pedro en el cielo.
Zamora logro una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920, mejor portero en Italia en 1934, 2 ligas con el Real Madrid, campeón de copa cpn RECD Espanyol, FC Barcelona y Real Madrid, jugador y entrenador del Niza en 1938.
El mito y el divino, en 1934 fue eliminado del mundial de Italia por el arbitraje más escandaloso de todos, pero con dos costillas rotas y un gol ilegal en contra, el sueño mundialista para Zamora terminaba.
Dos años después, varios periódicos de Europa, daban por echo de que Ricardo Zamora había sido fusilado en la Guerra civil española. Incluso se le rindió homenaje y minuto de silencio por el creador del mundial Jules Remit. Pero Zamora resulto estar preso en la cárcel Modelo de Madrid, pero fue el poeta Pedro Luis De Galves quien le salvo la vida al ver que estaba tras las rejas.
Un estilo único, boina, suéter y camisa abotonada hasta el cuello, el mito y el divino burlo a la muerte más allá de las canchas y las porterías, fue una prueba de que a veces por más que pensemos y se nos impongan las cosas, nuestro destino y nuestro éxito realmente se encuentre en otro lado, aunque a veces no confíen en nosotros, pero es eso lo que nos hace perseguir aquello en lo que somos buenos, tal como lo fue el gran Ricardo Zamora.





