“LA NIÑEZ BASADA EN EL TELÉFONO”
Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
En la entrega anterior, abordamos el fenómeno psicológico y espiritual de LA GENERACIÓN ANSIOSA, esa condición en la que la voluntad se quiebra cuando la mente habita en múltiples espacios simultáneos y en ninguno a la vez, y eso termina limitando la voluntad.
Se trata de la primera generación que está pasando su infancia y adolescencia no en el mundo físico de la interacción táctil, comunitaria y del juego al aire libre, sino en el espacio intangible de las redes sociales y las pantallas.
El psicólogo social Jonathan Haidt afirma: Estamos presenciando la reconfiguración dramática de la mente de nuestros niños y jóvenes. Hoy ya no tenemos una “niñez basada en el juego” y si una “niñez basada en el teléfono”, donde se dan algunas transformaciones muy específicas y patentes en la construcción de las relaciones y en sus procesos de desarrollo.
El autor lo que sostiene es que los jóvenes nacidos a partir del año 1996 y hasta 2010, a partir de la incorporación de los teléfonos inteligentes, tiene un impacto en el desarrollo cognitivo y emocional de los niños y adolescentes, generando una afectación en su salud mental y promoviendo comportamientos ansiosos y depresivos.
La ansiedad y tristeza: Sube de forma rápida en jóvenes que usan mucho las redes sociales.
Depresión alta: Crece el número de casos tristes y sin esperanza.
Autolesiones: Aumentan los daños físicos que los jóvenes se hacen a sí mismos.
Falta de sueño: El uso de pantallas por la noche quita horas clave para descansar.
Menos atención: El cerebro se vuelve más débil para concentrarse por culpa de los estímulos rápidos.
Aumento de suicidios en adolescentes.
Ahora, ¿Cuál ha sido nuestro rol como padres?
Nos preocupamos por la sobreprotección en el mundo real; restringimos la libertad física, mantenemos la vigilancia permanente en su interacción con otras personas, les evitamos salir aún a hacer pequeños mandados, por los posibles peligros y evitamos que jueguen juegos que les implique algún riesgo físico o emocional. Por el contrario, nuestros hijos viven una permanente desprotección en el mundo virtual; se les entregan dispositivos con acceso ilimitado a cualquier sitio, pueden navegar el tiempo que quieren en el horario que quieran, se pueden contactar y mantener comunicación con cualquier persona de cualquier edad.
La interacción en el mundo real posee cuatro características esenciales que la tecnología no puede replicar:
1. Es corpórea pues implica gestos, tono de voz, postura, contacto visual y eventualmente contacto físico.
2. Es sincrónica pues ocurre en tiempo real, lo que exige aprender a escuchar, esperar el turno para hablar y tolerar el silencio o la incomodidad momentánea.
3. Es de uno a uno o de uno a pocos pues mantiene la relación dentro de un marco humano donde las dinámicas de interacción son manejables.
4. Se da en comunidades con alto costo de entrada y salida pues pertenecer a un grupo real requiere esfuerzo, lealtad y reconciliación cuando surgen conflictos.
En contraste, la interacción virtual es incorpórea, asincrónica, dirigida a audiencias potencialmente masivas y caracterizada por la baja responsabilidad de entrada y salida (basta con bloquear, dejar de seguir o dar click).
Para educar y guiar no basta con señalar los riesgos; es imprescindible contemplar a las nuevas generaciones con una mirada empática, descubriendo sus luces y comprendiendo el origen de sus sombras.
LUCES DE NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES:
1. Conciencia global, justicia y empatía social: Son jóvenes profundamente sensibles al dolor ajeno, a las desigualdades y a la preservación del medio ambiente. La inmediatez de la información les ha permitido desarrollar una visión del mundo sin fronteras, mostrándose prestos a movilizarse por causas nobles y comunitarias.
2. Fluidez tecnológica y capacidad de autoaprendizaje: Tienen un acceso sin precedentes al conocimiento. Si encauzan su curiosidad, pueden aprender lenguajes de programación, idiomas, artes o tecnología a través de herramientas digitales con una velocidad asombrosa.
3. Anhelo de autenticidad y rechazo a las formalidades vacías: Detestan las posturas hipócritas o los discursos acartonados. Valoran la honestidad, la vulnerabilidad compartida y las relaciones transparentes.
4. Desmitificación de la salud mental: A diferencia de generaciones anteriores, no temen expresar que atraviesan momentos de tristeza, ansiedad o agotamiento emocional. Esta apertura facilita la intervención temprana y el pedido de ayuda profesional o pastoral.
SOMBRAS DE NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES
1. Fragilidad emocional y baja tolerancia a la frustración: Habiendo crecido en entornos donde se busca evitar cualquier malestar físico o contradicción de ideas, experimentan dificultades para encajar la crítica, el fracaso o el rechazo cotidiano, confundiéndolos con agresiones insoportables.
2. Dispersión de la voluntad y parálisis decisional: La abundancia de opciones virtuales genera una incapacidad para comprometerse a largo plazo en carreras, vocaciones o proyectos interpersonales. Su voluntad sufre la «parálisis» descrita en nuestro artículo anterior.
3. Permanente comparación y sobrevaloración de los defectos: Especialmente crítico en las mujeres adolescentes, el flujo constante de imágenes idealizadas en plataformas como Instagram o TikTok fomenta una comparación destructiva en cuanto a imagen corporal, estatus socioeconómico y popularidad.
4. Aislamiento reactivo y fobia a la interacción física: Aparecen fenómenos como la preferencia por enviar textos antes que realizar llamadas telefónicas, o el temor a entablar conversaciones improvisadas en el entorno comunitario real.
Ahora, la idea no es que los padres o los maestros se asuman derrotados, tampoco es satanizar el uso de la tecnología, este grito de auxilio obliga a buscar alternativas, aquí algunas que pueden ser de utilidad tanto para el hogar como para la escuela y que se empatan con este periodo vacacional
El autor de “La Generación Ansiosa” plantea que el“juego libre” no estructurado no es un mero pasatiempo; es el mecanismo evolutivo a través del cual los mamíferos aprenden a autogobernarse. Durante el juego libre, los niños negocian reglas, miden fuerzas, experimentan pequeñas dosis de miedo o frustración y aprenden a superarlas sin la intervención de un adulto.
El juego libre es planteado en la obra que hoy comentamos, no simplemente como un «tiempo muerto» o entretenimiento infantil; es la actividad biológica y psicológica a través de la cual los niños desarrollan autonomía, resiliencia, creatividad y autorregulación emocional y como la principal alternativa para revertir esta epidemia de ansiedad.
Para fomentar y aprovechar al máximo el juego libre, especialmente en un entorno saturado de pantallas y sobreprotección, el rol de los adultos no es dirigir la actividad, sino crear las condiciones óptimas para que el juego ocurra de forma natural.
Presentamos algunas propuestas:
• Prioriza la naturaleza y los espacios abiertos: Los entornos naturales (parques, bosques, jardines, la playa) ofrecen una cantidad inagotable de estímulos no estructurados (tierra, agua, piedras, ramas) que se adaptan a cualquier tipo de juego y fomentan el movimiento físico pleno.
• Preferir juegos con materiales no estructurados (piezas sueltas) en lugar de juguetes con un solo propósito o que funcionan con pilas, ofrece objetos de uso abierto.
• Crea rincones de juego en casa y en la escuela: No necesitas una sala de juegos gigante. Basta con un rincón donde los niños sepan que pueden construir, desordenar y explorar sin temor a ser interrumpidos inmediatamente para limpiar.
• Genera propuestas que impliquen la competencia sana y desarrollo de habilidades de interacción
• Aplica la regla de los 10 segundos antes de intervenir: Cuando veas que surge un pequeño conflicto entre niños o una dificultad para resolver un problema (p. ej., alcanzar un objeto o construir una torre que se cae), detente y cuenta hasta 10. Dale al niño la oportunidad de resolverlo por sí mismo antes de rescatarlo. Dale la oportunidad de superar la frustración por sí mismo.
• Tolera el «riesgo saludable»: Existe una diferencia crucial entre un peligro (algo que el niño no puede ver, como un enchufe expuesto) y un riesgo (un desafío que el niño puede evaluar, como subir a un árbol o balancearse más alto). Permitir riesgos adecuados a su edad construye confianza y combate la ansiedad.
• Evita dirigir la narrativa: Si el niño dice que una caja es una nave espacial, no le corrijas diciendo que «es solo una caja». Si te invita a su juego, pregunta: ¿Quién soy yo en este juego? o ¿Qué se supone que debo hacer?, dejando que el niño mantenga el control de la historia.
• Protege bloques de tiempo destinados al juego libre: Reserva en la agenda familiar periodos de al menos 1 o 2 horas continuas donde no haya clases extraescolares, tareas, pantallas ni compromisos programados. El juego profundo requiere tiempo para arrancar; si solo tienen 15 minutos, difícilmente pasarán de la superficie.
• Permite el aburrimiento: El aburrimiento es la antesala de la creatividad. Cuando un niño dice “estoy aburrido”, la respuesta no debe ser proponerle una actividad o darle una pantalla, sino validar su emoción con calma: “Está bien aburrirse un rato, pronto se te ocurrirá algo grandioso que hacer”
• Reduce las interrupciones innecesarias: Evita romper el estado de concentración del niño para hacerle preguntas intrascendentes o pedirle que posen para fotos. Observa en silencio.
• Facilita grupos de edades mixtas: Cuando juegan niños de diferentes edades, los más pequeños aprenden habilidades avanzadas por imitación, mientras que los más grandes desarrollan empatía, liderazgo y paciencia al cuidar y guiar a los menores.
• Promueve el juego en la comunidad: Organiza encuentros en plazas o parques con otros padres del vecindario o de la escuela bajo la consigna de que los adultos conversan a cierta distancia mientras los niños juegan libremente entre ellos.
La crisis de la generación ansiosa no es el fin de la esperanza; es una llamada a despertar.
Nuestros hijos e hijas no necesitan la aprobación fugaz de miles de desconocidos en una pantalla; necesitan la mirada atenta de sus padres, la guía apasionada de sus maestros y el abrazo cercano de una comunidad viva.
Nota para católicos. El evangelio de hoy guarda una estrecha relación con el tema que hoy abordamos. Vean lo que hace una madre cananea que ve a su hija en problemas.
Nos vemos en la siguiente entrega, y si crees que le pueda ser de utilidad a alguien ayúdanos a compartir