Barcelona, España / 26 de marzo de 2026
Noelia Castillo Ramos, de 25 años, se convirtió en la primera persona en el mundo en recibir la eutanasia por depresión, tras un proceso legal de más de 20 meses que incluso la enfrentó con su propia familia.
La joven barcelonesa vivió una serie de episodios que marcaron su vida. En octubre de 2022, tras ser víctima de una agresión sexual múltiple, intentó quitarse la vida al arrojarse desde un quinto piso. Sobrevivió, pero quedó con paraplejia total y dolores crónicos, lo que deterioró aún más su estado físico y emocional.
Desde los 13 años, Noelia estaba en tratamiento psiquiátrico, sin lograr recuperar el deseo de vivir. En su única entrevista, expresó: “No tengo metas ni proyectos. Siempre he visto mi mundo muy oscuro”.
Una batalla legal sin precedentes
Durante casi dos años, el caso transitó por distintas instancias legales. Finalmente, la eutanasia fue autorizada con respaldo médico y jurídico, pese a la oposición de su padre, quien con apoyo de la organización Abogados Cristianos intentó frenar el procedimiento.
El caso llegó incluso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, donde la solicitud para impedir la eutanasia fue rechazada en marzo de 2026.
Noelia sostuvo su decisión hasta el final: “La felicidad de un padre no tiene que estar por encima de la vida de una hija. Yo simplemente quiero irme en paz y dejar de sufrir”.
El procedimiento
La eutanasia se realizó este jueves a las 18:00 horas (tiempo local) en el Hospital Residencia San Camil, en Sant Pere de Ribes. La joven eligió el método intravenoso, un proceso que dura entre 15 y 20 minutos, y solicitó estar sola, acompañada únicamente por el médico.
Debate en México
El caso ha reavivado la discusión en distintos países. En México, la eutanasia sigue prohibida y está tipificada como delito en la Ley General de Salud desde 2009, bajo la figura de “homicidio por piedad”, con penas de uno a doce años de prisión.
No obstante, han surgido propuestas legislativas para cambiar este marco, como la llamada “Ley Trasciende”, impulsada por pacientes con enfermedades graves, lo que refleja un debate creciente sobre el derecho a decidir sobre el final de la vida.




