STABAT MATER, PARA ENTENDER EL AMOR DE UNA MADRE

Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

Una de las escenas que más me impactó de la película La Pasión fue aquella donde la Virgen María va acompañando a su hijo Jesús en su camino al calvario. Por favor, por un momento intenta sentir cómo ella siente el dolor de su hijo; su hijo sufre y ella sufre con él, una lágrima cruza su mejilla al verlo sufrir; Jesús cae en su doloroso caminar al Calvario; él, caminando descalzo en ese camino polvoriento y áspero, voltea por un momento y ve cerca de él el rostro sufriente de María, su madre; a ella se le destroza el corazón y recuerda cómo, cuando siendo pequeño, Jesús cae y ella deja todo, deja lo que está haciendo y va corriendo a levantar a su pequeño hijo, no recrimina, no cuestiona, solo lo toma en sus brazos, lo mira con un inmenso amor y lo resguarda en su regazo. Así son las madres.

¿Pero qué implica el amor de una madre?

Para intentar, primero entender y luego intentar explicar el amor de una madre, me quiero remitir a un poema escrito por un papa y un monje franciscano hace solo 8 siglos. Este poema lo he compartido desde hace algunos años en Sábado de Gloria, denominado Sábado Santo, como una oportunidad de intentar entender el amor de María ante la pasión y muerte de su hijo Jesús y hoy, atreviéndonos a hacer un paralelismo, entender y valorar el rol de nuestras madres.

No intentaré hacer un análisis teológico, ni siquiera religioso, pues asumo mis limitaciones en la materia, solo quiero pedirte que me acompañes a ver cómo eso que se escribió hace tanto tiempo sigue siendo vigente, pues me permito afirmar que el amor de una madre es eterno e inmutable frente al sufrimiento de un hijo. Si te quedan dudas, te comparto la liga para que lo puedas ver.

Stabat Mater “Estaba de pie la Madre”, en latín, es un himno gregoriano atribuido al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se data en el siglo XIII y comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa “De pie la Madre sufriendo”. Se refiere al sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo: https://stabatmater.info/stabat-mater-spanish-translation/

Si buscamos un eco del Stábat Mater en la familia moderna, guardando las debidas y necesarias proporciones, en el sentido de que la madre de la que se habla en el poema no es una madre común, y el hijo por el que sufre tampoco lo es; y que el origen del dolor de la madre es su sufrimiento por el sufrimiento del hijo y no por causa de un error cometido por el hijo.

Haciendo la necesaria precisión, podemos afirmar que la figura de la madre ha sido, a lo largo de los siglos, el ancla emocional de la civilización. Sin embargo, en el trajín de la modernidad, a menudo olvidamos que el amor materno no solo se compone de ternura y cuidado, sino también de una capacidad de sufrimiento casi sobrenatural.

Veamos de lo que estamos hablando.

  1. La madre está siempre. El himno Stabat Mater comienza con una imagen poderosa: “Estaba la Madre dolorosa, junto a la Cruz, sufriendo”. La palabra clave aquí es “stabat”: estaba de pie. En la familia, cuando un hijo atraviesa una crisis, ya sea por adicciones, malas compañías, fracaso escolar o alguna otra crisis grave, la reacción instintiva de la madre no es abandonar, es seguir de pie junto al hijo que sufre. No es un estar pasivo; es un acto de presencia que sostiene la esperanza del retorno. La madre que guarda silencio, pero no se retira de la habitación del hijo que sufre.
  2. La madre presiente. Las mamás siempre están al pendiente, leen el ambiente y los espacios que frecuentan sus hijos, conocen a sus hijos mejor que nadie, y claro, mejor que nosotros como padres. Eso le permite saber antes, pero también sufrir antes los posibles riesgos. Es ese momento en que una madre intuye que su hijo tendrá dificultades, vive la angustia ante un diagnóstico o la sospecha de que el camino del hijo será difícil.
  3. La madre protege. Hay un nivel de comunicación especial entre la madre y el hijo. Alguien nos debe explicar cómo las mamás despiertan tantas veces en las noches, cómo escuchan o cómo saben cuándo el hijo necesita algo. Nos deben explicar cómo le hace una madre para llevar al hijo en brazos, sentada y dormida durante un viaje y que no se le caiga. La madre, cuando se trata de su hijo, saca fuerzas casi sobrehumanas para cuidarlo, evitarle riesgos y, si es necesario, dar hasta su vida por él.
  4. La madre vive el dolor del hijo. No solo entiende el dolor, lo hace propio y sufre al igual que el hijo. Mientras el resto del mundo puede juzgar, señalar o retirarse, la madre permanece, sufre y confía en el retorno del hijo. Cuando el hijo se ha quedado solo, se fue su salud, se fueron sus triunfos, se fueron sus amigos o se fue su libertad, la madre ahí sigue.
  5. La madre siempre lucha por el hijo. Nunca, nunca se da por vencida; basta ver en nuestros tiempos lo que hacen las madres buscadoras para dimensionar el tamaño de su amor, no juzgan, no cuestionan, solo salen y llegan a donde nadie llega, no les importa el peligro, y con sus propias manos escarban la tierra para buscar a sus hijos; seguramente sus manos sangran, su piel se quema, sus piernas no pueden más, pero eso no importa, nada las detiene, ellas siguen luchando por sus hijos.
  6. La madre confía. Aun sabiendo que el hijo ha tocado fondo y que el daño pareciera irreversible, la madre cree en su hijo, confía que puede cambiar, confía en que hay un mañana y que ese mañana puede ser diferente; la madre es quien mantiene la fe en la familia, cree y actúa en consecuencia. Sigue junto al hijo ayudándole y buscando soluciones, aun cuando el propio hijo haya dejado de creer en sí mismo.
  7. La madre vive los éxitos como suyos. Para la madre no todo es dolor, la madre está, intuye, acompaña, defiende, confía y lucha codo a codo con el hijo porque sabe que cuando su hijo logra la gloria, ella también la vivirá antes que nadie.

En la familia, la madre nos educa en el sentir con amor y a los demás integrantes nos toca jugar un rol complementario.

Los esposos solemos caer en el error de querer “arreglar” la situación con lógica o autoridad. La madre más bien necesita ser entendida, acompañada y a veces sostenida. A veces creemos que necesita un consejo y más bien requiere tener en el esposo un hombro donde sostenerse, donde apoyarse y a veces donde tener la confianza de derrumbarse. Necesita además tener en el esposo un complemento, que le permita a ella luchar sus batallas con la certeza de que el resto del hogar no se derrumba; el esposo sostiene el resto de la estructura del hogar mientras la madre educa a los miembros en el arte de sentir y cuidar.

A los hijos nos toca primero entender. No todos los hijos requieren la misma atención en el mismo momento. Entender que cada hijo es único y que cada uno vive su propia circunstancia. Nuestra mamá nos lee a cada uno, nos conoce y sabe qué y cuándo necesitamos más de ella. Nos toca entender y evitar los celos entre hermanos y ayudar, pues podemos ser parte de la solución.

El Stabat Mater termina con una petición: “Haz que me queme en el amor…”. Y para una madre, ese fuego es el amor por su familia. No solo es un poema, es un tratado sobre el amor incondicional de la madre, que camina desde el máximo sufrimiento cuando es necesario hasta la máxima satisfacción cuando los hijos nos hacen sentir orgullosos o le hacemos sentir a nuestra madre que sus desvelos, sufrimientos y luchas valieron la pena.

Si tienes la oportunidad abre la liga, léelo y revalora el rol que tienen las mamás en nuestra familia.

Nos vemos en la próxima entrega y si crees que a alguien le puede ser de utilidad compártelo.

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