“Ve con los sabios y te harás sabio;
Al que a necios se allega, le alcanzará la desdicha.”
(Proverbios 13:20)
Lic. Francisco Sunderland Álvarez
Está por demás decir que la sabiduría da confianza; quien sabe más que otro y comparte sus conocimientos, es una persona que merece respeto, gratitud y confianza.
Además, lo que comparte quien más sabe no le cabe la menor duda y está consciente de que está sujeto a que lo dicho sea comprobado y, cuando lo enseñado es congruente y adecuado a lo que se haya expresado, abre la puerta de la confianza; una confianza lo suficiente para no dudar, pero pudiera haber algún error humano que pueda llegar a comprobar algo que no armonice.
Bajo tales premisas, la pregunta obligada es: ¿se tiene confianza en los gobiernos de México, en particular desde el 2018 a la fecha? Gobiernos empapados de mentiras, de cinismo, de contradicciones, caprichos, prepotencias, con un ejercicio irrefrenable de nepotismo ejercido con una total carencia de vergüenza y ética, así como una descarada impunidad.
Cierto, la culpa no la tiene el indio sino quienes los hicieron compadres.
De hecho, la vergüenza debería hacer que arda la cara, pero no a los cínicos malandrines agazapados dentro de las maltrechas administraciones públicas, federal, estatales y municipales, sino al pueblo de México que pasiva e indolentemente ha estado permitiendo todos los actos de corrupción, ofensivos, burlones y, como señalé, cínicos y con resultados de alarmante impunidad, haciendo de este país su imperio.
“¡Qué demanden, qué ofrezcan pruebas!” Ese es el slogan mañanero. Las demandas han sido presentadas, las pruebas han sido ofrecidas, pero el contubernio no permite que la verdad, la honradez y la justicia asomen la cara.
El cinismo, la burla, la mofa son los sellos lacrados y característicos de la casa que lleva ejerciendo, desde hace 8 años, la administración pública nacional. A cada señalamiento surge un nuevo desplante de ironía, de ignorancia —sea falsa o real—, de sarcasmo descarado que caracteriza a estas administraciones públicas como kafkianas.
No cabe la menor duda de que la ignorancia es la nota constante en quienes están al frente de la responsabilidad del pueblo mexicano y de todos los habitantes de este hermoso país.
Sin embargo, el terreno se está barbechando; los silos se están llenando con “ninis” que serán los votos del mañana para que la dictadura se vaya fortaleciendo hasta poder confrontar al vecino allende del Bravo.
Corea del Norte le exige a México que le envíe el petróleo que pagó por adelantado y que no llegó a su destino. ¿Cómo habrá de cumplirse este convenio? ¿Con qué se va a pagar ese capital si no se entrega el producto objeto del acuerdo?
La titular del programa mañanero debiera informar a la nación proyectos para tal efecto, ya que tal vez se ha usado ese dinero en sus “ayudas humanitarias” a “ninis” o a Cuba, y que han sido los más pequeños foquitos de la calle ante la negra oscuridad que reina sobre el país entero y que está muriendo de hambre (Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Chihuahua —Sierra Tarahumara—).
A todas luces, es obvio que de nada sirve un “doctorado” si ni siquiera le permite sacudirse la blanca caspa de los hombros. Es de dudarse que ese doctorado haya logrado generar sabiduría en quien lo ostenta cuando solo se aprecia que se acatan las instrucciones, sean de acción, omisión o abstención.
México urge de personas sabias, que lleven al país fuera de esta cloaca en la que se encuentra sumergido; que lleven a juicio a quienes deban de enfrentar la justicia, sea nacional o internacional, y que se recuperen, de cuentas nacionales o extranjeras, los capitales que le pertenezcan al erario nacional.
No deja de llamar la atención que hay personas, sea en privado pero, cínicamente, en público, que creen que repitiendo en su ignorancia supina la frase célebre de Sócrates ante el oráculo de Delfos, “solo sé que no sé nada”, las convierte en las personas más sabias de los seres humanos.
¡Qué ridiculez!
Universalmente les deseo, hoy y siempre, Salud, para que logremos nuestros objetivos en la vida. Fuerza, para que no nos desalentemos ante las adversidades y, Unión, para que no seamos divididos en nuestras convicciones. Prohibida su reproducción parcial o total. La copia o distribución no autorizada de este artículo por el autor y, en su caso, su correspondiente imagen, infringe los derechos de autor. fsacomentarios@gmail.com



