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jueves, abril 25, 2024

¿Resistencia civil?

Por Felipe Canchola González

Todo cambio, revolución o transformación de una sociedad, trae consigo un reacomodo del estado de las cosas. Las reacciones a cualquier cambio, son también parte del mismo fenómeno. Las resistencias brotan y se realizan manifestaciones individuales, grupales y sectoriales de la población.

En la actualidad, podemos ver en las noticias las muy diversas manifestaciones por casi toda la geografía mundial, nacional y local. Sin embargo, hemos observado que, durante las más recientes, en lugar de avanzar hacia una resistencia civil pacífica y ordenada, retrocedemos hacia la barbarie y el salvajismo

En el caso de nuestro país, este retroceso no se ha hecho esperar y se registran, cada vez con mayor intensidad, las conductas violentas y agresivas, no solamente contra las causas que las originan, sino contra toda la población.

El actual choque de ideologías políticas, originadas por los cambios de gobierno, han polarizado a los ciudadanos al extremo del fanatismo. La reflexión y el análisis, ya pasaron a un segundo término o, en algunos casos, simplemente desaparecieron.

La propaganda y la información han sido frecuentemente prostituidas, y su resultante, toca ya la puerta del caos con las conductas antijurídicas, tanto de los propios manifestantes, como de la autoridad misma.

La sociedad mexicana debe recobrar el sano juicio. Exigir sus libertades y derechos con la única limitante que tienen éstos: El respeto a los demás. Las libertades del individuo terminan donde empiezan las de los demás.

Mis libertades de expresión, de audiencia, de asociación, de manifestación, de circulación y demás conllevan también la responsabilidad de mis actos al no lesionar los derechos de terceros. Lo peor, “defender los derechos del pueblo”, confrontando al propio pueblo y, además, tomarlo como rehén de guerra.

Los colectivos no deben perder la brújula de lo que implica asumir una auténtica y legítima resistencia civil pacífica. En principio, no perder de vista diez puntos importantes: Primero, indagar la ética e ideología de los convocantes; segundo, no coartar el derecho de terceros a su libre circulación peatonal y vehicular; tercero, evitar insultos y ofensas verbales; cuarto, actuar con las neuronas, no con las vísceras; quinto, no caer en el vandalismo.

Sexto, evitar la asistencia de niños, enfermos y ancianos a las manifestaciones; séptimo, acudir en grupo, nunca solo; octavo, no responder a los brotes de violencia de los agitadores profesionales; no agredir a los policías, que también son pueblo; y décimo, detectar y denunciar a los infiltrados profesionales (reventadores) que ensucian las buenas causas.

Con este decálogo, exige tus derechos y defiende tus libertades. ¡No te dejes!

Pero la tuya… la tuya es la mejor opinión.

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