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martes, mayo 21, 2024
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La grandeza de lo pequeño

Crónicas cotidianas
La grandeza de lo pequeño

Por Felipe Canchola González

-Padrino, me diste doce pesos de más en el cambio de la cuenta. Si sigues así, tus propinas se te van a esfumar y le vas a salir debiendo al patrón, reclamó al mesero mi amigo Jorge, luego de desayunar en el restaurant Hacienda de Torres de Irapuato.

-Qué buena onda de Jorge, me dice en corto Oliverio. Estos pequeños detalles son la manifestación de la grandeza de una persona. A cualquiera le pueden parecer insignificantes, pero asoman su deseo interior de no perjudicar a nadie y demuestran la convicción de ser congruente con su propia conciencia ¿no crees?

-Estoy totalmente de acuerdo contigo. Las pequeñeces son importantes porque llegan a convertirse en algo grande. Los grandes hombres y mujeres se conocen en las cosas pequeñas, en los detalles, porque toda grandeza es el resultado de cultivar la pequeñez.

Al recordar y poner atención a esa aparente “insignificancia” de la vida cotidiana, me trae a la mente otros pensamientos que me llevan a otras actividades como la del pintor, quien extrema su vigilancia en los matices, el artesano que cuidan cada detalle de su obra, los mecánicos, que buscan el “pequeño detalle” que no permite encender el carro. Grandeza es pequeñez.

Y qué decir del músico, que a cada nota debe darle melodía, armonía y ritmo. Como decía Liszt: “Si dejo de tocar el piano un día, lo noto yo. Si dejo de tocarlo tres días, lo nota mi público. Pero a nosotros… que no somos artistas ni burdos artesanos de cualquier oficio rutinario, las pequeñeces forman nuestros hábitos, buenos y malos. Grandeza es pequeñez.

No somos generales, sino simples soldados en la lucha del pan de cada día. No somos santos, sino malos aprendices del bien; no somos criminales, pero sí, ridículos aprendices de la conducta de los malandros. Grandeza es pequeñez.

Las pequeñeces en nuestra vida diaria, son como una gota de agua en el océano, un grano de arena en el desierto, una abeja en el panal. Nosotros pecamos contra la pequeñez, olvidamos el compromiso, incumplimos la promesa, negamos el saludo, ofrecemos sin otorgar, hablamos sin actuar y rendimos culto solo a lo grande, a lo destacado, a lo colosal.

Hoy, con la ayuda de las redes sociales, idolatramos cuanto sea superlativo y glamoroso, no importa lo que sea. Nuestra obsesión es el gigantismo y nuestros sueños son de millonarios y de genios. Se nos olvida que el frondoso árbol comenzó siendo una pequeña semilla. Grandeza es pequeñez.

El culto a nuestro ego llena de “selfies” y nos impulsa a querer destacar en todas las fotos de grupo, seamos de su círculo o no, llenamos de vanidad con esas imágenes “p´al face”. Hasta algunos periodistas creen que sus cara y la sus familiares y amigos, son noticia.

La vida no es una sucesión de acontecimientos que el reloj fraccional, las pequeñeces de nuestra vida cotidiana nos hacen buenos hábitos, y éstos, nos convierten en buenos ciudadanos y mejores personas, día con día.

Por ello, grandeza es pequeñez.

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