El día en que el mundo empezó a cambiar de dueño

A las seis de la mañana en Bruselas, un asesor económico abre un informe confidencial sobre la mesa. En Washington todavía es plena noche, pero en una sala sin ventanas del Departamento del Tesoro ya se discuten nuevas medidas comerciales. En Pekín, mientras tanto, los mercados abren con una serenidad calculada que no es casualidad sino estrategia.

El mundo no vive una crisis. Vive una redistribución silenciosa del poder.

Durante treinta años se repitió una idea casi religiosa: la globalización era irreversible. Las fronteras económicas se diluirían, los mercados se fusionarían y el comercio internacional terminaría por armonizar las tensiones políticas.

Hoy esa promesa se evapora frente a nuestros ojos.

Estados Unidos vuelve a levantar barreras comerciales con una determinación que habría escandalizado a los arquitectos del libre comercio de los noventa. Europa habla cada vez con más frecuencia de autonomía estratégica. China consolida su influencia con una paciencia milenaria que no responde a ciclos electorales sino a planes de décadas.

Las cadenas de suministro que parecían eternas comienzan a fragmentarse.

Las industrias regresan a sus territorios de origen. Los gobiernos vuelven a pensar en términos de soberanía económica. El lenguaje del comercio internacional cambia de tono y abandona la ingenuidad de los años en que se creyó que los mercados resolverían lo que la política nunca logró ordenar.

México observa esta transformación desde una posición ambigua.

Por geografía está llamado a convertirse en una potencia manufacturera clave para América del Norte. Por política interna corre el riesgo de perder una oportunidad histórica si no logra comprender la magnitud del momento que atraviesa el planeta.

El siglo que comienza no será el siglo de la integración perfecta.

Será el siglo de las alianzas selectivas, de las cadenas de producción regionales y de los países capaces de leer el tablero antes que los demás.

Los imperios económicos del futuro no se construirán únicamente con capital. Se construirán con visión estratégica.

En política internacional existe una ley no escrita que atraviesa los siglos: los momentos de transformación global rara vez anuncian su llegada con ruido.

Casi siempre llegan en silencio.

✒️ Cayetana Mars
La tinta no pide permiso.

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