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domingo, enero 25, 2026
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ANTE DESASTRE, CONSTRUIR UN NUEVO ORDEN MUNDIAL

Juan Miguel Alcántara Soria
Trump provocó un desastre al desacomodar los astros. Órbitas estaban desbocadas ya antes; lo aceleró provocando mayor dolor evitable. Pero emerge un destello iluminador de rutas razonables a considerar los demás países; sin ingenuidades. Luego del golpe duro que le asestó esta semana el primer ministro de Canadá, en el Foro Económico Mundial, de Davos, Suiza, afirmando estamos en medio de una “ruptura del orden mundial, no de una transición”; “un punto de inflexión para el mundo”, “el fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno”. La resonancia de esta evaluación es mundial.
Vale releer lo expuesto por Marik Canney, reconocido financiero y político. Como cimiento propuso una nueva arquitectura jurídica-política mundial fincada en valores compartidos, pero con realismo crítico, no ilusos. Sostuvo que otros países -en particular las potencias medias como Canadá (México también lo es)- “tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados. El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”. “Tenemos la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos”.
“Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les convenía. Que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima”. Acusó a las grandes potencias, particularmente a EU, de haber convertido la economía en un arma: “Aranceles como palanca, infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”.
Los países “deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”.
“Esto reconstruye la soberanía -que estaba anclada en normas-, pero que estará más anclada en la capacidad de resistir la presión. La pregunta para las potencias medias, como Canadá (o México), no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos, o si podemos hacer algo más ambicioso”.
“Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores”. Aspiramos a ser de principios y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, gradual, que los intereses divergen, y que no todos los socios comparten nuestros valores. Nos estamos comprometiendo con los ojos abiertos.
“Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Cuando solo negociamos bilateralmente con una hegemonía, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía, es subordinación. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte si elegimos ejercerlo juntos.
“No esperemos a que las superpotencias restauren un orden que están desmantelando. Reduzcamos la palanca que permite su coerción. Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno… Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias. Canadá es un socio estable y fiable -en un mundo que no lo es-, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo”.
A partir de la fractura del viejo orden “podemos construir algo mejor, más fuerte y justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de murallas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina. Y es un camino abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros”.
En México ¿haremos nuestra tarea?

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