Miércoles 28 de octubre del 2026
Los cajeros automáticos bancarios, las campañas en redes sociales, las dependencias gubernamentales, las asociaciones civiles, la insistente publicidad en los medios de comunicación y demás, nos piden donaciones en dinero o en especie, para ayudar a la población vulnerable o en desgracia. En resumen, “nos pasan la charola” para acopiar indiscriminada y discrecionalmente, dinero y/o artículos destinados a la “ayuda humanitaria”. ¿Llega a su destino todo lo recaudado?
Las grandes instituciones oficiales, manejadas y pagadas con nuestros impuestos, así como los emporios empresariales, encontraron una “mina de oro” cibernética, evitándonos el encuentro directo con el pobre, el enfermo o el damnificado. Nos arrebatan la esencia del amor al prójimo; nos alejan del sentido común, es decir, del sentir-en-común. Este mecanismo cibernético nos nulifica dar unas monedas, una cobija, un pan directamente a las manos de quienes menos tienen. Piense.
Lic. Felipe Canchola González
Director General




