Ciudad de México, 22 de septiembre de 2026
Compartir su ubicación, aprender a desplazarse solas y avisar constantemente de que están a salvo se ha convertido en parte de la rutina durante el intercambio académico de las estudiantes extranjeras en México, según relataron a EFE varias alumnas de regreso a España, una experiencia que adquiere otra dimensión tras el feminicidio de la joven Claudia Tacoronte, de 21 años.
El asesinato, ocurrido el pasado 12 de septiembre, de la estudiante universitaria en la localidad de Cuautla, Morelos, reavivó la preocupación sobre la violencia de género en un país donde se registran cinco mujeres desaparecidas al día y miles de agresiones machistas al año, una realidad cotidiana frente a la cual las jóvenes que llegan del exterior deben adaptar sus hábitos de movilidad y convivencia. Tacoronte, estudiante canaria, sufrió un ataque mortal con arma blanca a 120 kilómetros al sur de la Ciudad de México. Había ingresado al país a mediados de agosto para cursar un intercambio académico entre la Universidad de Granada y la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
Para transitar por el espacio público, las alumnas integran rápidamente dinámicas de autocuidado que van desde evitar zonas catalogadas como peligrosas hasta utilizar las secciones exclusivas para mujeres en el transporte público, compartir su ubicación en tiempo real con familiares o amigas, y avisar constantemente que se encuentran a salvo durante sus trayectos.
Varias estudiantes españolas señalaron a EFE que, antes de viajar, no recibieron información ni orientación oficial por parte de sus universidades de origen sobre los riesgos del destino. «Por parte de mi universidad no recibí nada de información sobre el destino, no nos ayudaron ni informaron con nada», relató Marina, una de las jóvenes consultadas, quien contrastó esta falta de acompañamiento institucional con la buena acogida que sí recibió por parte de la comunidad local al llegar a México.
El caso de Tacoronte dejó una fuerte huella entre quienes vivieron experiencias similares de intercambio en fechas recientes, al reconocer la similitud de los riesgos que ellas mismas asumieron durante sus estancias. «Ha sido una sensación muy amarga saber que le ha ocurrido esto a una chica de tu edad, en un contexto y condiciones similares a en los que tú has estado viviendo varios meses», confesó Isabel, otra de las estudiantes entrevistadas, al recordar el impacto que tuvo la noticia tras su regreso a España.






