Archivo Icónico capítulo 9: Valentino Mazzola, de mecánico a futbolista

Octavio López

Irapuato, Gto, 22 de agosto del 2026

Eras un niño que comenzó pateando lo primero que se encontró, latas, por toda la casucha en donde creciste, haciendo eco en el castillo sobre el cual estaba recargada dicha casucha. Tanto eco ocasionaba tus patadas que los vecinos y la comunidad cercana comenzaron a llamarte Tulen ya que esas latas se conocían como Tola, nunca te imaginaste que esas latas años más tarde se convertirían en un balón y los pasillos en un campo de futbol, de panadero a mecánico y luego futbolista ídolo de Italia, este fue Valentino Mazzola.

Nacido el 26 de enero de 1919, durante años creció en esa casucha junto con su padre que había quedado desempleado en la Gran Depresión económica y años más tarde lamentablemente dejaría a Valentino huérfano y obligado a dejar la escuela y tener que buscar un trabajo. Consiguió acercarse con un panadero para volverse su aprendiz, logro conseguir estabilidad con este panadero durante tres años, antes de conseguir otro trabajo en una fábrica. Durante esa época poco a poco fue generando contacto con el futbol en su trayecto de ida y vuelta de la casa al trabajo. Y así fue comenzando a practicar deportes, en lugar de alejarse de esto, al parecer el trabajo lo acerco.

De alguna manera encontró la forma de combinar la técnica más refinada para jugar futbol que estaba desarrollando, con la imponente resistencia de nadar y andar en bicicleta. No se imaginaba que en algún momento esto le iba a rendir frutos para salvar la vida de un pequeño que había caído al río Adda, Valentino se lanzó sin dudarlo para poder rescatarlo, el pequeño al que rescato era Andrea Bonomi, quien años más tarde llegaría a capitanear al AC Milan.

Valentino, que ya había sido panadero, ahora trabajaba en una fabrica combinando sus pasiones en sus ratos libres y ahora ya también era un héroe, aunque todavía se mantenía su urgencia de recursos.

Pero llegaría una oportunidad que podría cambiarle la vida, a los 19 años el AC Milán lo invito a la serie A, pero Valentino habría preferido la propuesta de un equipo llamado Alfa Romeo, pudo tener contacto con este club gracias a un vecino suyo que también le platico que la propuesta estaba acompañada de un puesto de mecánicos para el mismo club, Valentino acepto sin pensarlo y así gozaría de otro sueldo. Pero lamentablemente todo cambio cuando llego la segunda guerra mundial, Valentino fue reclutado y asignado a las tropas de Venecia, afortunadamente jamás entro en combate y fue captado por el club local, debutando en primera división; sumándole tus años de aprendiz como panadero, como mecánico, militar, ahora era jugador profesional.

En Venecia comenzaría a aparecer ese futbolista que llevaba años escondido detrás de un uniforme de trabajador. Su potencia, su velocidad y su capacidad para aparecer en prácticamente cualquier zona del campo comenzó a llamar la atención, pero todavía faltaba algo, el lugar en donde su nombre terminaría por convertirse en historia. Torino apareció en su camino y en 1942 se lo llevó para formar parte de un equipo que años más tarde sería conocido como el Grande Torino.

Y ahora ya no eras aquel muchacho que pateaba latas en una casucha, eras el capitán de un equipo que parecía no tener límites. Con el paso de los partidos comenzaste a convertirte en el futbolista que dirigía cada movimiento, el que aparecía para marcar, asistir, recuperar y también para exigirles a sus compañeros que corrieran un poco más. Torino encontró en ti algo más que un jugador, encontró a su líder.

En 1943 llegaría uno de los primeros grandes títulos de tu carrera, la Copa Italia, y aunque la guerra todavía hacía imposible que el futbol tuviera la tranquilidad de otros años, tú continuabas jugando. Después vendría la pausa provocada por el conflicto y, cuando el futbol italiano volvió a tomar forma, regresaste con más fuerza que nunca.

Torino comenzaría a dominar Italia. Con Valentino Mazzola como capitán, aquel equipo consiguió los campeonatos de 1946-47, 1947-48 y 1948-49, convirtiéndose en una auténtica máquina de jugar futbol. No era solamente ganar, era la manera en la que lo hacía, con un estilo ofensivo que terminó enamorando a todo un país.

Y tú eras el rostro de aquel equipo.

Dicen que cuando Torino necesitaba una reacción, Valentino Mazzola se subía las mangas de su camiseta. Era una señal para sus compañeros, una especie de advertencia de que había llegado el momento de cambiar el partido. Entonces corrías, ordenabas, atacabas y aparecías donde menos te esperaban. El niño que alguna vez tuvo que abandonar la escuela para trabajar ahora estaba conduciendo a uno de los mejores equipos que había visto Italia.

También llegaría la selección italiana. En medio de una época complicada para su país, Mazzola consiguió vestir la camiseta de Italia y convertirse en uno de sus principales referentes. Ya no eras solamente el muchacho de la casucha, ni el panadero, ni el mecánico, ni aquel soldado que nunca tuvo que entrar en combate. Eras uno de los futbolistas más importantes de una generación que parecía destinada a dejar una huella eterna. Pero el futbol, que tantas veces te había dado oportunidades cuando parecía que no existían, también estaba a punto de quitarte todo.

El 4 de mayo de 1949, el avión en el que viajaba el Torino de regreso a Italia después de disputar un partido en Lisboa se estrelló contra la basílica de Superga, en las afueras de Turín. No hubo sobrevivientes.

Entre los nombres que desaparecieron aquella tarde estaba el tuyo.

Tenías apenas 30 años.

Italia perdió a uno de sus grandes futbolistas, Torino perdió a su capitán y el futbol perdió a un hombre que había conseguido pasar de patear latas a convertirse en el líder del equipo más poderoso de su país. Aquel equipo del que formabas parte quedó inmortalizado para siempre como el Grande Torino, pero tu historia había comenzado mucho antes, cuando solamente eras un niño buscando qué patear dentro de una pequeña casucha.

Fuiste panadero porque necesitabas comer, mecánico porque necesitabas trabajar, soldado porque la guerra te lo exigió y futbolista porque parecía que para eso habías nacido. Valentino Mazzola nunca tuvo un camino sencillo para llegar a la gloria, tuvo que construirlo con sus propias manos, con las mismas que alguna vez trabajaron en una fábrica y con los mismos pies que alguna vez golpearon latas.

Y quizá por eso, cuando Italia recuerda al Grande Torino, también recuerda a su capitán. Aquel niño al que llamaron Tulen por hacer sonar las Tola terminó haciendo ruido en los estadios más importantes de Italia, hasta convertirse en mucho más que un futbolista.

Se convirtió en leyenda, pero como muchas de las grandes leyendas, su historia no comenzó con un balón, comenzó con la necesidad de sobrevivir.

Imagen Cortesía

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