Octavio López
Irapuato, Gto., 15 de agosto del 2026
Despachabas periódicos, vendías pan, cuando caía la noche te dedicabas a levantar pinos en un boliche de Montevideo, siempre estabas descalzo, sin recibir una moneda por la cual no hayas trabajado, y de alguna forma encontrabas la manera, el tiempo y el lugar para estar en una cancha, patear un balón y encajar un gol, nadie sabia como, pero sin lugar a dudas lo había logrado Obdulio Jacinto Muiños Varela.
Nacido el 20 de septiembre de 1917, su madre logro llevar a toda la familia al barrio Paysandú, Jacinto decidió optar por llevar el apellido de su madre, una mujer sumamente trabajadora, una lavandera que decidió sacar adelante a una familia que contaba con la ausencia de un padre, es por eso que Jacinto tuvo tantos trabajos y cambiaba a cada momento de oficio. Para los treces años Jacinto tenía otro oficio, ahora se encargaba de cuidar coches, aunque no solo cambiaria de oficio si no que ahora cambiaria de nombre, Jacinto decidió que ahora lo llamaran Obdulio, nombre que también se leía en su acta.
Obdulio poco a poco comenzó a perfeccionar su estilo de juego en los potreros enterregados de la capital uruguaya, empezando de mediocentro en su juventud poco a poco fue persiguiendo más su sueño de convertirse en futbolista profesional, sabia que era una manera de poder ayudar a su madre y así estaba haciendo dos cosas a la vez, ayudando a su madre y cumpliendo su sueño.
Y fue hasta 1938 que recibiría la oportunidad de su vida, después de estar 21 años de aquí para allá, de la tierra al pasto, el Wanderers lo contrato y con el dinero que le pagaron al llegar, de inmediato pensó en su madre, compro grandes cantidades de comida para llevar a casa. Su madre no lo tomo como él lo esperaba, jamás había visto tanta comida y en cuanto antes fue a la policía para acusarlo de robo, no había nadie que reclamara ese dinero. Pero con el tiempo comprendió que por medio del balón Obdulio estaba entrando a una fase donde era inevitable tanta abundancia.
Su carrera estaba viviendo un momento importante, con el Wanderers ya había ganado honores internacionales para Uruguay, pero en 1943 se marchó a Peñarol con apenas 26 años, se convirtió rápidamente en capitán y condujo a su equipo a los triunfos nacionales y continentales.
Pero en ningún momento se le vería brillar tanto como aquel 16 de Julio de 1950 en el estadio Maracaná de Río. La selección charrua se enfrentaba a la anfitriona, Brasil, que en ese mundial estaba dando una actuación demasiado fuerte, llegaba al desenlace con una gran bolsa llena de goles, solo necesitaba un empate contra Uruguay y se consagrarían campeones del mundo, parecía que ese era su destino inevitable, pero Obdulio tenia otros planes, con una actuación brillante en donde no pudo marcar pero pudo sofocar a los brasileños para asistir los dos goles de su equipo, el mundo ya conocía a Obdulio y que mejor escenario para reafirmar su presencia que en una copa del mundo.
Parecía que Obdulio no había estado unos cuantos meses, casi el año sin actividad por querer alzar la voz para un mejor tarto como futbolistas, estaba ahí nuevamente de construcción en construcción durante la huelga del futbol uruguayo, sin saber que tiempo después estaría levantando la copa del mundo.
Todos hablan de una gran actuación de Obdulio en esa final, la manera en como motivo a sus compañeros sabían que era el inicio de todo, había silenciado el Maracaná. Alguien que supo gozar de las mieles que le daba el futbol, desde sus múltiples oficios a la gloria mundial, fueron innumerables trabajos, pero nunca quiso ser una leyenda, a palabras propias de él, jamás le intereso ese título y jamás lo iba a entender, no le interesaba, pero no sabía que el cómo lo decía en esos momentos solo lo estaban convirtiendo más en aquello que no quería ser, una leyenda.





