Archivo Icónico capítulo 5: Giuseppe Meazza, un héroe en Italia

Octavio López

Irapuato, Gto., 8 de agosto del 2026

A los siete años te tienes que enfrentar a una de las peores catástrofes que la humanidad y la vida puede prepararte, vivir la primera guerra mundial y además de eso, perder a tu padre en ella. Un giro de 360 grados que marcaría tu vida por completo, queriéndote alejar de aquello que distraía tu realidad y aun así pudiste resolver todo en el pasto, no hubo nada que detuviera a Giuseppe Meazza.

Nacido un 23 de agosto de 1910, perdió a su padre en la primera guerra mundial a tan solo los 7 años, quedaría marcado de por vida. Únicamente se quedaría con su madre Ersilia quien era una guerrera, así como lo llegaría a ser el en la delantera. Meaza desarrollaría un amor impresionante por el futbol, pero por la situación de su padre y al ser hijo único, su madre quería alejarlo de las canchas para que trabajara en el mercado y así contribuyera para los gastos. Incluso llego a esconderle los zapatos para que Meazza no pudiera jugar. Pudo lograr lo primero pero lo segundo no. Con todo y pies descalzos, Giussepe encontraría la manera de acercarse poco a poco al futbol. Sintió las vibraciones de la pelota, comenzó a curtirse en los callejones más rugosos y ya no había vuelta atrás.

Con el tiempo y aun así con la desesperación, su madre Ersilia ya no pudo contenerlo más y se dio cuenta que lo de Giuseppe con el futbol era innegable y no le quedo de otra más que darle su bendición para que comenzara a construir su camino.

Meazza poco a poco se las ingenió para brillar e hizo que un modesto club llamado Gloria FC lo pusiera en sus filas, de ahí intento catapultarse el club del Milán, pero lo rechazo, incrédulo de que alguien con pinta quebradiza pudiera formar parte del juego, pero a diferencia del Milán el Inter le abrió las puertas. Siguió sin ser fácil, el Inter de Milán tenía estrellas veteranas que desconfiaban mucho, pero aun así debutaría el 12 de septiembre de 1927 a los 17 años.

Momentos más tarde nadie tenía dudas de todo en lo que se había convertido Giuseppe, Italia había encontrado lo que buscaba en el campo, a medio siglo de su unificación se habían encontrado en Meazza, en su esfuerzo, su elegancia, estilo, imaginación, gracia, pero sobre todo su amor por la pelota.

Con el como referente, la selección de Italia ganaría los mundiales de 1934 y 1938, se convertiría en bicampeón con la selección mayor aportando un juego ofensivo único. Con todo y la presión del dictador Mussolini para que la selección ganara el primer mundial en casa y mostrarle al mundo que el mejor futbol lo tenía la Azurra.

Su apodo venia de su nombre, Peppino era el diminutivo tradicional y cariñoso para el nombre de Giuseppe. Brillo de tal manera que no pudo quedar mejor plasmado que en el estadio de Milán el cual llevo su nombre, estadio ubicado en San Siro.

Ersilia jamás pensó en todo lo que Giuseppe se iba a convertir, admitió su error inicial y después de eso vivió mas que tranquila viendo el triunfo de su hijo. Con un momento que lo marco desde pequeño, Giuseppe no pudo dejar lo que más amaba y aunque su madre lo necesitara aun así se las ingenio para poder seguir jugando, fue un inicio complicado y las oportunidades eran inciertas, pero lo que no fue incierto es que logro convertirse en bicampeón del mundo.

Imagen Cortesía

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