Octavio López
Irapuato, Gto., 1 de agosto del 2026
De su padre aprendió unas cuantas cosas, un esclavo que huyo de Uruguay para poder instalarse libre en Brasil, lo primero fue que nunca seria un subordinado o que nuca se dejara ver hacia abajo por su color de piel, lo segundo es que tendría que derrochar toda la magia posible que alguna él demostraría en el campo y, por último, jugaría como si estuviera bailando un ritmo equiparable al de un gran carnaval porque solo así es que nacería José Leandro Andrade.
Nacido un 22 de noviembre de 1901, de padre uruguayo y una madre argentina, su familia era de origen africano y habían llegado a Sudamérica como esclavos. Creció rodeado de baile, futbol y brujería, comenzó a trabajar en cuanto pudo sin dejar de tocar instrumentos con una compañía llamada “Libertadores de Africa”. Lustro zapatos y tanto la música como el baile fue algo que llevo siempre en sus venas y antes de debutar como profesional también repartió periódicos en Uruguay.
En 1921 el capitán de la selección de Uruguay José Nasazzi, lo observo controlar y dominar un balón en las calles, hubo varios detalles que lo dejaron asombrado, una elasticidad impresionante, un carisma diferente y sobre todo un futbol diferente que nunca había visto hasta ese momento. Bastante asombrado lo invito al Club Atlético Bella Vista y de ahí inmediatamente se lo llevo a la selección.
Era un futbolista que llamaba increíblemente la atención, media 1.80, de carácter aguerrido para jugar como mediocampista, pero con muchísima calidad, algo muy llamativo en esa época, pero sobre todo eso había algo que resaltaba todavía más, era negro.
José Leandro Andrade estuvo en la vista de todos los que seguían el futbol y hasta de los que no lo hacían. En los juegos olímpicos de 1924 Uruguay era desconocida, tanto así que hasta la gente se extrañaba sobre la orientación de su bandera y su himno fue confundido con el de Brasil. Pero los charrúas le demostraron al mundo lo que podían hacer sin absolutamente nada que perder y siendo una selección invitada conquistarían el oro en esos juegos olímpicos.
Para José Leandro ese torneo serio clave, no solo por quedarse con el oro si no porque ahí fue cuando pudo mostrar su brillante talento, el mundo poco a poco conocería el talento del primer futbolista negro, su cambio de ritmo, su aceleración, su destreza y sus acrobacias lo hacían ver como un niño disfrutando de una fiesta. El uruguayo se convertiría en uno de los consentidos de parís, de los cabarets, del lugar donde solía bailar tango con la famosa Josephine Baker llamado la Perla Negra y que así surgiría el apodo de Andrade que cargaría en los dos siguientes mundiales con la selección uruguaya, la “Maravilla Negra”.
José Leandro Andrade se convirtió en la primera estrella negra del futbol, el primer crack que hizo que el mundo no lo viera por su color de piel si no por como se movía con el balón, con una familia que más obstáculos que afronto jamás olvido sus raíces. La Maravilla Negra fue capaz de enseñarle al mundo lo que tus tradiciones y pasiones pueden llegar a influir en lo que más amas, en lo que haces día con día, haciéndole ver a la gente que lo que importa no es el color de tu piel.





