Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
Al inicio de semana, estaba aún pensando en la columna anterior cuando, de manera providencial, escuche una reflexión que hacía el padre José Ignacio Munilla, Obispo de Orihuela-Alicante quien hablaba de la necesidad de que hagamos, de manera permanente, un examen para saber que tanto los mansajes que generamos y mandamos nos acercan a una vida virtuosa o de manera casi imperceptible pero constante, nos alejan de ella. Y luego, escuchando al Obispo de Irapuato, Monseñor Enrique Díaz, en su mensaje de este sábado, y entonces “me cayó el veinte”, nuestros hijos y alumnos buscan de manera permanente modelos a seguir y si en entregas anteriores hablamos de como inciden los amigos en ellos, hoy quiero que nos asumamos con modelos de las personas que nos rodean pues ellos ven lo que decimos pero más les impacta lo que hacemos.
Quiero comentar que ya en otra ocasión cite en esta columna las enseñanzas que el Obispo Munilla nos ofrece; en aquella ocasión lo hacía cuando nos hablaba de la Madre Teresa de Calcuta y la virtud de una vida de servicio.
Hoy haremos un ejercicio, haremos una visita a nuestro interior para, a manera de check List (lista de verificación o como ahora le llamamos, rúbrica), identificar esos dardos envenenados que nos invitan, sutilmente, a no cambiar, a no mejorar, hablaremos de esas casi imperceptibles “tentaciones” que impactan en las personas que nos ven como modelos.
El Obispo Munilla platea que “las tentaciones” no siempre llegan con estruendo; la mayoría de las veces llegan como un susurro de autojustificación, un pensamiento sutil que nos invita a detenernos, a conformarnos o a retroceder. En el proceso de mejora personal y de conversión, estos pensamientos funcionan como «dardos envenenados» que nublan nuestra vista y frenan nuestro paso.
Como padres y educadores, nuestra misión no es solo proteger a los hijos de los peligros externos, sino enseñarles a identificar estos 14 saboteadores de la mente que buscan alejarlos de la virtud y de su propia realización. En nuestro caso, como adultos y modelos a seguir, nos permitirán saber si caemos en esos riesgos o si, por no salir de pleito con nuestros hijos, los vemos pero los dejamos pasar aunque sepamos que van cayendo poco a poco.
Los acontecimientos que estamos viviendo nos deben llevar a recapacitar en cuanto al sentido de nuestra vida y que tanto estamos llevando a nuestros hijos por el buen camino, pues muchos jóvenes que se han perdido seguramente lo hicieron guiados por modelos que vieron en casa o en sus ambientes cotidianos.
Vamos a repasar esos 14 pensamientos, estos “14 Dardos de la Justificación”
- «¿Qué hay de malo?»
Es la tentación del minimalismo moral. Cuando un hijo pregunta «¿Qué tiene de malo ir a tal lugar o ver tal cosa?», está cambiando los parámetros y en lugar de buscar la virtud busca tolerar cada día más, tal vez por supervivencia y por encajar con su grupo de amigos. Es como el esquiador que baja la montaña esquivando obstáculos: no se golpea, pero sigue bajando sin freno. La verdadera pregunta no es «¿qué hay de malo?», sino «¿Qué es lo mejor?, ¿Lo que hago me ayuda en mi proyecto de vida?
- «Los hay peores»
Este es el dardo de la comparación anestésica. Buscamos a alguien que esté «más abajo» para sentirnos justificados en nuestra mediocridad. Pero dime con quién te comparas y te diré a qué aspiras. Compararte con los peores te invita a seguir cayendo, compararte con los virtuosos te invita a ser mejor cada día. No te compares para justificarte; mira a los que vuelan alto para inspirarte.
- «Lo hacen todos»
Aquí sustituimos la conciencia por la estadística. Es el error de creer que la mayoría tiene la razón ética. La puerta es estrecha, si el criterio ético se rinde ante el criterio de popularidad, dejamos de ser sal de la tierra para convertirnos en parte del paisaje. La verdad no depende de cuántos la sigan. Y como modelo no podemos dejarnos llevar por la corriente.
- «No seamos fanáticos»
Este dardo confunde la prudencia con la tibieza. Es el pacto con la mediocridad: «un poco de bien, pero no demasiado».
Hoy le llamamos fanático a quien defiende principios y entonces para no complicarnos la vida con los hijos o los alumnos mejor nos volvemos “permisivos”.
Los Dardos de la Postergación
- «Mañana, mañana»
Posponemos la decisión de ser mejores esperando un «momento ideal» que nunca llega. El único tiempo que nos pertenece para decidir y corregir el rumbo es el hoy.
Hoy le llamamos proclastinar, dejar las cosas para mañana. Es como cuando decimos “Diosito, hazme mejor, pero a partir de mañana” y parece broma, pero ni siquiera sabemos si estaremos mañana.
Hoy tienes la oportunidad de ser ejemplo, mañana quien sabe.
- «Ojalá»
«Ojalá tuviera otra familia», «ojalá mi situación fuera distinta», “Ojala tuviera otro trabajo”. Es el autoengaño de pensar que el escenario debe cambiar para que nosotros podamos cambiar. Pero la virtud no depende del escenario, sino de la respuesta del actor. Debemos florecer y enseñar a florecer donde la vida te ha plantado ahora, no en el jardín imaginario del «ojalá».
- «Es que eso ya no se lleva»
Es la tentación de la moda ideológica. Cambiamos lo eterno por lo novedoso. Pero el alma no tiene fecha de caducidad. Nos justificamos pensando que lo que fue bueno ayer ya no lo es hoy eso te sirve de justificación para ya no corregir el camino.
Los Dardos de la Desesperanza
- «A los buenos les va mal»
Es el miedo al sufrimiento. «Si soy bueno, abusarán de mí». Es la tentación de renunciar a hacer lo correcto para evitar la herida. Hoy parece que se ha posicionado el que les va mejor a los que más mal se portan y entonces caemos en el riesgo de decir si me porto bien me va a ira mal, entonces mejor me porto mal. Hoy de esos abundan, ese dardo es muy socorrido por nuestra mente actualmente.
- «Para lo que te lo agradecen»
Buscamos el reconocimiento, no el bien. Si haces el bien esperando el reconocimiento o el aplauso, tu recompensa ya la recibiste.
A veces nos gana el desanimo pues no se reconoce lo que hacemos, pero tal vez convenga ver el hacer el bien como una oportunidad de crecimiento espiritual.
Y como decimos, dar gracias por tener la posibilidad de ayudar.
- «No lo pienses tanto»
El dardo del impulso irreflexivo. «Déjate llevar, vive la emoción». El piloto automático emocional nos despoja de nuestra libertad.
“No le pienses, tómatela” “Vamos, que tanto le estas pensando” son algunas frases que ejemplifican este dardo.
Y pensar es el primer paso para ser libres.
Los Dardos de la Impotencia, la batalla de la voluntad.
- «No puedo»
A menudo, el «no puedo» es un disfraz del «no quiero».
Este dardo me inmoviliza para no dar el primer paso y corregir un mal hábito o una conducta incorrecta pues dudo de mi capacidad, de mi dignidad, dudo de lo que soy y por eso mejor no me atrevo.
- «No me apetece»
Es la dictadura del deseo inmaduro. los maduros tienen voluntad, los inmaduros solo tienen deseos. La apetencia en el sentido peyorativo de la pasión esclavizadora. En síntesis, este dardo me lleva a no cambiar porque importa más mi deseo que mi voluntad de corrección.
- «Estoy harto»
Cuando estamos hartos y tristes, somos vulnerables y esto llega cuando lo intentamos y lo volvemos a intentar, y no logramos cambiar; entonces nuestra reacción es de derrota y enojo.
Dejamos de recordar que la perseverancia es la madre de la santidad.
- «No valgo nada o no vales nada»
El dardo más destructivo de nuestro tiempo. El autodesprecio nos lleva a pensar que no merecemos ser mejores.
Este mensaje lo sembramos en nuestra mente, luego en la de nuestros hijos o nuestros alumnos. y todos llegamos a creer que es cierto, y entonces dejamos de luchar por ser mejores, por corregir o por vencen las tentaciones.
Y así, una vez que recorrimos estos 14 pensamientos es bueno hacer ese examen del que habla el Obispo Munilla para ver como andamos.
Y como dije al principio, los acontecimientos que estamos viviendo nos deben llevar a recapacitar en cuanto al sentido de nuestra vida y que tanto estamos llevando a nuestros hijos por el buen camino, pues muchos jóvenes que se han perdido seguramente lo hicieron guiados por modelos que vieron en casa o en sus ambientes cotidianos.
Conviene hacer este ejercicio con calma para identificar donde es necesario hacer un cambio, por nuestro bien, por el de nuestros hijos y claro, para ir construyendo mejores familias y mejores comunidades.
Nos vemos en la siguiente entrega.




