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lunes, febrero 23, 2026

LA RIQUEZA DEL DIÁLOGO

Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz

Hemos hablado de la trascendencia que tiene en la vida de los hijos el que sepan escoger bien a sus amigos y la importancia también de que sepan ser buenos amigos, sin embargo, más de un padre de familia deberá estarse preguntando ¿Y cómo hacerle?

La idea es buena, sin embargo nos bastan buenas intenciones. Hay casos de relaciones entre padres e hijos o entre maestro y alumno pueden ser más difíciles que otras; y bueno, cada papá seguramente dirá que este es su caso pues hoy por hoy la relación y la comunicación entre padres e hijos vive una crisis permanente.

Hoy por hoy, nuestros hijos y alumnos viven en una permanente exposición a tentaciones de todo tipo, muchas derivadas de las personas o grupos con los que conviven. Si no les ayudamos, si no platicamos con ellos, si no logramos entablar una comunicación permanente y efectiva con ellos, el mundo nos va a ganar y cada día los iremos perdiendo más.

Esto me permite retomar la experiencia que vivimos en el trabajo con alumnos y padres de familia pues como parte de los trabajos de desarrollo de habilidades blandas aplicamos una metodología que permite llevar el proceso de dialogo en un camino de concordia y respeto mutuo.

La comunicación no es simplemente el intercambio de palabras; es la transferencia de vida. Para un padre o un maestro, hablar con un niño o un adolescente es sembrar en tierra fértil. Sin embargo, muchas veces el mensaje se pierde en el ruido de la corrección constante, las prisas o el autoritarismo.

Inspirados en los principios de la inteligencia emocional y el liderazgo con sentido humano, abordaremos los cinco PRINCIPIOS CLAVE que funcionan como herramientas de «ingeniería emocional» para construir puentes indestructibles con nuestros hijos y alumnos. Ahí van…

1. Mantener o Incrementar la Autoestima
El arte de corregir sin destruir
La autoestima es el sistema inmunológico del alma. Un niño con una autoestima sana puede enfrentar el fracaso, resistir la presión de grupo y aprender de sus errores. Como adultos, nuestra palabra tiene el poder de ser un martillo que aplasta o un pincel que dibuja una obra de arte.
El Principio en la Práctica: Mantener la autoestima significa separar la conducta de la identidad. Cuando un niño comete un error, el error es lo que hizo, no lo que él es.
En lugar de decir: «Eres un desordenado» (Ataque a la identidad), intenta decir: «Veo que dejaste tus juguetes en el pasillo, y eso puede ser peligroso» (Enfoque en el hecho).
El efecto espejo: Los niños se ven a sí mismos a través de nuestros ojos. Si solo señalamos sus fallos, aprenderán a verse como un «error andante». Si señalamos sus esfuerzos y sus virtudes incluso en medio de la disciplina, les damos la fuerza para mejorar. Recuerda: un niño que se siente bien consigo mismo, se comporta mejor. Simple psicología positiva.

2. Escuchar y Responder con Empatía
Antes de ganar la discusión, gana el corazón
Stephen Covey decía: «La mayoría de las personas no escuchan con la intención de comprender, sino con la intención de responder». En la educación, esto es un error fatal. La empatía es la capacidad de entrar en el mundo emocional del niño y validar su experiencia, incluso si no estamos de acuerdo con su lógica.
Cómo aplicar la escucha empática:
• Presencia total: Deja el celular, baja a su nivel físico y míralo a los ojos.
• Validación: Usa frases como: «Parece que te sientes frustrado porque no pudiste terminar el juego».
• No minimices: Para un adulto, un juguete roto no interesa; para un niño, es una tragedia. Si minimizas su dolor («No es para tanto»), cierras la puerta a su confianza futura.
Cuando un niño se siente escuchado, su sistema nervioso se calma. Solo cuando el cerebro emocional está tranquilo, el cerebro racional puede aprender. La empatía no es debilidad; es la base de la influencia. En otra entrega les platicaré de unos maestros en este arte de la escucha efectiva, los doctores Sergio Michel y Rosario Chavéz, excelentes amigos y expertos en el tema.

3. Pedir Ayuda y Alentar la Participación
Del dictador al mentor
Muchos padres y maestros caen en el error de dar órdenes constantes: «Haz esto», «No toques aquello», «Ponte a estudiar». Esto crea sujetos pasivos o rebeldes. El tercer principio nos invita a involucrar a nuestro hijo en la solución de problemas.
Involucrar es empoderar: Cuando pides ayuda a un hijo o alumno, le estás enviando un mensaje poderoso: «Tu opinión cuenta, eres capaz y eres necesario».
• En casa: «¿Cómo crees que podríamos organizar mejor la limpieza de la sala para que todos tengamos tiempo de jugar?»
• En el aula: «Tenemos un problema con el ruido en clase, ¿qué reglas sugieren ustedes para que todos podamos concentrarnos?»
Al participar en la creación de la solución, el niño desarrolla sentido de propiedad. Es mucho más probable que cumpla una regla que él mismo ayudó a redactar.

4. Compartir Pensamientos, Sentimientos y Motivaciones
La vulnerabilidad como herramienta pedagógica
Existe el mito de que el adulto debe ser un bloque de mármol sin emociones para mantener el respeto. Nada más lejos de la verdad. Los niños aprenden a gestionar sus emociones viendo cómo nosotros gestionamos las nuestras.
Humanizar la autoridad: Compartir tus motivaciones ayuda a que el niño entienda el «porqué» detrás de las reglas.
Al compartir tus sentimientos de manera controlada, les enseñas vocabulario emocional. Les muestras que está bien sentirse triste, cansado o preocupado, y les das un modelo de cómo expresar esas emociones sin recurrir a la agresión. La transparencia genera cercanía.

5. Proporcionar Apoyo sin Quitar Responsabilidad
Amor que sostiene, no que asfixia
Este es quizás el equilibrio más difícil de lograr. Queremos ayudar a nuestros hijos porque nos duele verlos sufrir o fallar, pero si hacemos su tarea, resolvemos todos sus conflictos con amigos o les evitamos las consecuencias de sus actos, los estamos incapacitando para la vida.
La fórmula del crecimiento: Apoyar significa dar las herramientas, no hacer el trabajo.
El ejemplo de la tarea: Si el niño no entiende matemáticas, el apoyo es sentarse a su lado, explicarle el concepto con paciencia o buscar un tutorial juntos. Quitar la responsabilidad sería dictarle las respuestas para que termine rápido.
Debemos ser como el madero que sostiene un árbol joven: estamos ahí para que el viento no lo arranque, pero es el árbol el que debe estirar sus raíces y fortalecer su propio tronco.

La aplicación de los principios clave no requieren un espacio complicado o una argumentación rebuscada, es más efectiva si se aplica en los pequeños momentos: en el carro camino a la escuela, en la sobremesa, durante el recreo o cuando los acomodas en su cama antes de dormir. Al aplicar estos principios, no solo estamos transmitiendo información; estamos construyendo la estructura interna de un ser humano.

De hecho, para tenerlos siempre presentes, como parte de una caja de herramientas hicimos pequeñas tarjetas que los papás y los alumnos llevaban siempre consigo para repasarlos antes de tener un dialogo, mientras se les aprenden, son de mucha utilidad.

Si logramos que un niño se sienta valorado (Autoestima), comprendido (Empatía), tomado en cuenta (Participación), cercano (Transparencia) y capaz (Responsabilidad), habremos cumplido una de nuestras misiones más importantes, ayudarle a alejarse de los riesgos y vivir un proceso de crecimiento constante.

Nos vemos en la siguiente entrega.

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