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miércoles, febrero 4, 2026
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SOBERANÍA

“Poder supremo que posee el Estado.”

(Una de las definiciones que da un diccionario.)

 

Ante una serie de eventualidades que me alejaron de la “tecla”, como el hecho de haber estado hospitalizado alrededor de quince días y la consecuencia de un ayuno de “informaciones, chismes, noticias o como quiera llamárseles”, tuve la tranquilidad para poder disfrutar, con su lectura, de algunos dictados de la pluma de Cayetana Mars que tiene el don de esa finura atrayente y cuyas sentencias no son casualidad sino un maduro análisis del entorno causal.

Ahora, nuevamente me honra con su licencia de compartir con ustedes uno más de esos dictados para que tengan la bondad de valorarlos con la misma sencillez con que ella los expone.

Encabeza su observación de la siguiente manera: “<La soberanía cuando se pronuncia demasiado.> Hay momentos en que la soberanía deja de ser un principio y se convierte en una palabra defensiva. Se pronuncia, no para ejercerla, sino para protegerse de la evidencia.

México atraviesa uno de esos instantes: no porque haya perdido su territorio, sino porque ha comenzado a perder el control del relato que lo sostiene.

El poder siempre se delata cuando habla demasiado de aquello que ya no domina. Cuando una “presidenta” repite la palabra soberanía con insistencia ritual, no la está afirmando, la está conjurando. Y los conjuros no gobiernan países.

Mientras el discurso se aferra a la inviolabilidad del suelo, el cielo se vuelve ambiguo. Alertas extranjeras advierten riesgos sobre el espacio aéreo nacional antes de que el propio gobierno tenga noticia de ellas. Aeronaves militares aterrizan sin que el país comprenda del todo el por qué, el para qué, ni el cómo. Las explicaciones llegan después, siempre después, como si el poder hubiera aceptado vivir a destiempo, reaccionando los hechos en lugar de conducirlos.

La soberanía no se quiebra cuando el avión toca pista. Se erosiona cuando nadie puede explicar con claridad quién lo autorizó, bajo qué marco y con qué responsabilidad política. Se debilita cuando la información aparece fragmentada, cuando cada corrección contradice a la anterior y cuando la verdad se administra por goteo como si el ciudadano fuera un espectador al que hay que dosificarle la realidad.

Del otro lado de la frontera, el lenguaje no es ambiguo. Se anuncian operaciones, se fija un enemigo, se declara un método. No se habla de cooperación, se habla de acción. No se insinúa, se afirma. La diferencia entre ambos discursos no es ideológica, es estructural. Uno gobierna desde la certidumbre de su fuerza. El otro desde la ansiedad de su legitimidad.

En ese vacío narrativo ocurre lo más grave: decisiones extraordinarias se presentan como actos ordinarios; entregas históricas se explican como trámites administrativos. Y así llegamos a un concepto de decisión soberana que se reduce a una nota aclaratoria. Y cuando todo es soberano, nada lo es.

El poder que se justifica en exceso, empieza a parecer culpable. El poder que defiende lo indefendible termina confesando que ya no distingue entre lealtad y obediencia. Nombrar no es un acto neutro, es una declaración moral y, cuando se elije cargar con símbolos que hieren, se está diciendo algo más profundo que cualquier discurso. Se está aceptando que la ética es negociable cuando la herencia política lo exige.

Los imperios modernos no avanzan con ejércitos visibles. Avanzan con narrativas claras frente a narrativas confusas. No necesitan cruzar fronteras cuando el país de enfrente ya no logra ordenar su propio relato.

La soberanía no se pierde el día que entra un avión extranjero. Se pierde el día que un Estado deja de saber explicar con una sola voz, qué está ocurriendo en su propio territorio. Ese día, no hay invasión, hay algo más silencioso y más peligroso. Hay vacío.

Y, los vacíos en política, nunca permanecen vacíos.”

Añado por mi cuenta un dogma conocido: “Poder que no es ejercido, se ejerce.”

Ahí tienen ustedes, apreciables lectores, el texto que le ha sido dictado por su pluma a la escritora Cayetana Mars.

Universalmente les deseo, hoy y siempre, Salud, para que logremos nuestros objetivos en la vida. Fuerza, para que o nos desalentemos ante las adversidades y, Unión, para que no seamos divididos en nuestras convicciones. Prohibida su reproducción parcial o total. La copia o distribución no autorizada de este artículo por el autor y, en su caso, su correspondiente imagen, infringe los derechos de autor. fsacomentarios@gmail.com

 

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